23 de Junio de 2018

Opinión

La mejor campaña sucia

Imposible rastrearla, contabilizarla, asignarle un responsable, entre ellas las llamadas telefónicas que no son encuestas sino actos de propaganda.

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Tijuana. La campaña que terminó ayer en Baja California tendría que ser estudiada en los próximos meses por el uso y abuso de un instrumento que sin salir en YouTube, ni en Twitter, ni en los periódicos, pero que, según me dicen varios actores políticos del estado, será en buena parte responsable del resultado cualquiera que este sea. (Redacto esto antes de tener certeza sobre el resultado).

Me refiero a las llamadas telefónicas y push polls, llamadas telefónicas que haciéndose pasar por encuestas, son, en realidad, actos de propaganda política. 

En esta elección se dieron en decenas y decenas de miles. A todas horas y en todos los tonos, mintiendo sin pudor, difamando sin vergüenza. Un ejemplo de esta semana: en miles y miles de casas de Tijuana se recibía una llamada que decía algo así como que MILENIO había publicado que uno de los candidatos estaba vinculado al crimen organizado, me ahorro los nombres propios. Me dice un encuestador con larga experiencia en elecciones que nunca había registrado en sus sondeos tal cantidad de gente que fue tocada por una de estas llamadas, o por una “encuesta” de esas que no son encuestas. Ejemplo: “Después de enterarse que el candidato X es pederasta, usted por quién votará”, o “¿Usted cree que el hecho de que X candidato sea tan corrupto le afectará en la votación?”.

Habría que hacer una comparación entre cómo se movieron las preferencias en relación a las oleadas de llamadas telefónicas y push polls; la impresión de un par de encuestadores con los que hablé es que fueron muy relevantes, por lo cerrado de esta campaña. 

Es la mejor de las campañas sucias, porque es imposible rastrearla, contabilizarla, asignarle un responsable. Por ejemplo, ¿cuál partido es responsable de las miles de llamadas que entre las dos y cuatro de la mañana despertaban a bajacalifornianos para hablar bien de un candidato, con el evidente resultado de que quien tomaba el auricular lo terminaba odiando? ¿Cómo se clasifica ese gasto de campaña? ¿Se reporta?

Las llamadas llegan a teléfonos fijos y celulares y se incrementaron dramáticamente en los últimos días, cuando la ley indica “veda electoral”. ¿Cómo se fiscaliza esta falta a la norma? ¿Cuál es el castigo?

En medio de nuestro megarregulado, carísimo sistema electoral, la más efectiva, la mejor de las campañas es la que nadie ve, pero que a todos llega, directo a las casas, desde el anonimato, para calumniar y difamar. 

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