22 de Septiembre de 2018

Opinión

"La navaja en el espejo"

Dirigida por el español Guillermo Heras, “La navaja en el espejo” pone en escena dos personajes entrañables que habitan en medio de la guerra, y a una pequeña.

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“La navaja en el espejo” es una obra de Mariana HartaSánchez que ayer cerró su temporada en la ciudad de México. Un texto hermoso que parece hablarnos de la guerra civil española, pero poco a poco va dejando caer sus hojas y nos muestra que la verdadera guerra entre los hombres viene de sus deseos más íntimos. Damián -un republicano- viaja escondido en un tren.

En medio de los disparos, la sentencia de muerte y los cadáveres, encuentra a un bebé; una callada pequeña a quien aprecia precisamente porque si llorara, alertaría a los otros y acabarían muertos; como la madre de la niña que yace a un lado con los senos al descubierto, pues la muerte llegó justo cuando amamantaba. En el otro extremo del tren, viaja Eneldo -un franquista-, llevando en su bolsillo la lista de cuarenta personas a las que deberá matar.

Gracias a un giro de tuerca, ambos se encuentran con la pequeña niña y es ella quien pondrá a los hombres frente a frente, quien los hará jugarse la vida en una partida de cartas. 

Dirigida por el español Guillermo Heras, director de Iberescena muy cercano a la dramaturgia mexicana, “La navaja en el espejo” pone en escena 2 personajes entrañables que habitan en medio de la guerra, y a una pequeña, que sin saberlo puede perder la vida o cambiar de nombre y país. 

La inocencia más pura en medio de la guerra hace que los espectadores nos quedemos pensando en todas las posibilidades de muerte y vida que tienen las guerras. Como descendiente de un republicano, Mariana sintió la necesidad escribir y actuar un monólogo sobre las personas que padecieron el exilio debido a los conflictos bélicos que asolaron Europa durante la mitad inicial del siglo XX. Todos los días la humanidad libra pequeñas batallas, guerras interiores que no dan tregua a nuestros pensamientos.  

Todo lo que pudo haber sido, suele mordernos la conciencia y los deseos. Damián y su amor por una prostituta, Eneldo y su paternidad frustrada, cada uno de nosotros y nuestra historia vieja que se renueva día a día: son todas como historias que permanecen en el espejo sin que nadie más que nuestra propia mirada descubra el porqué de tantos silencios.

“La navaja en el espejo” no tiene derrota, es de esas historias, no felices, pero que tampoco se entierran fácilmente bajo lo inútil de una guerra. Enhorabuena a Mariana y sus “Sabandijas de palacio”.

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