18 de Septiembre de 2018

Opinión

La oposición ha labrado su catástrofe

La oposición es la única culpable de su desgracia, ya que en lugar de garantizar a sus cuadros más capacitados el acceso a diputaciones plurinominales y senadurías de primera minoría...

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La oposición es la única culpable de su desgracia, ya que en lugar de garantizar a sus cuadros más capacitados el acceso a diputaciones plurinominales y senadurías de primera minoría, prefiere favorecer a sujetos muy limitados y que quedan pasmados en sus escaños y curules, tanto a nivel federal como local.

El PRD se fue degradando con el arribo del inexperto José Luis Máximo García Zalvidea al Senado en 2006, ya que el hermano del Chacho Juan Ignacio llegó por arte de magia a una de las posiciones cercanas a la cúspide política, y que es habitualmente antesala para la gubernatura.

En 2012 el PRD tropezó con el mismo error al permitir que su candidata al senado fuese Luz María Beristain Navarrete, más conocida como Lady Senadora por el pleito de lavadero que armó con la empleada de una aerolínea de Cancún que le impidió tomar el vuelo por llegar tarde.

Lady Senadora desplazó a Joaquín González Castro, El Quino, quien estaba perfilado como candidato y había sido impulsado abiertamente por Andrés Manuel López Obrador.

Marginado de la senaduría al ser superado por el PRD que ha cosechado en dos ocasiones consecutivas la senaduría de primera minoría, el PAN no ha sacado provecho de sus diputaciones federales plurinominales y las ha desperdiciado como agua cristalina en el desierto del Sahara. 

La anterior legisladora blanquiazul, Alicia Ricalde Magaña, se desgastó como candidata a la alcaldía de Isla Mujeres en 2013, ya que fue apaleada y tuvo que retornar a la Cámara de Diputados, al igual que la perredista Graciela Saldaña Fraire –esta si de mayoría relativa–, quien fue derrotada como candidata a la alcaldía de Cancún.

Previamente, como candidata de repuesto a la gubernatura en 2010, Alicia Ricalde fue condenada a la tercera posición que ha ocupado este partido en los tres procesos a partir de 1999.

La actual diputada plurinominal, Patricia Sánchez Carrillo, no ha sido sobresaliente y en su currículum destaca su paso fugaz e intrascendente  por el equipo del ex gobernador Félix González Canto, quien a fines de septiembre de 2009 la designó Subprocuradora de Justicia en la Zona Norte.

En las diputaciones locales a nivel pluri PAN y PRD se han inclinado por la mediocridad, siendo avasallados por una mayoría priista que tiene por aliados al Verde Ecologista, Nueva Alianza y Movimiento Ciudadano. Mayor poderío, imposible.

¿Nacidos para perder?

Vaya revuelo que armó en las filas del PAN su dirigente en el municipio capitalino de Othón P. Blanco, Fernando Zelaya Espinoza, a quien se le ocurrió declarar que "el PAN no nació para ganar elecciones." 

La reacción inmediata vino de Miguel Martínez Castillo, un destacado panista cuyos análisis certeros y con datos duros son lectura obligada. Dijo esto:

“El PAN nació como producto de hacer un contrapeso al sistema político vigente de finales de la década de los treinta del siglo XX.  Sí, organizada por ciudadanos destacados que han dejado una herencia política sin lugar.

No comparto la afirmación: ‘el PAN no nació para ganar elecciones’.  Uno de los objetivos de un partido es precisamente ganar gobiernos. Castillo Peraza hablaba que los panistas debemos tener la vocación de gobernar, pero hacía hincapié en el hecho de que el país requería gobernantes y no arqueólogos, pues un país, una entidad, un municipio, no pueden gobernarse sobre ruinas.

Creo que el PAN debe distinguirse de aquellos que son partidos meramente electoreros, que sólo aparecen cuando hay cargos de elección en disputa.  El PAN debe ser una institución formadora de ciudadanos, pero éstos deben tener la encomienda de llegar a gobernar, pues ¿de qué sirve formarlos si éstos por antonomasia ya están calificados como derrotados? 

El PAN debe empezar por ser autocrítico.  Evaluarse a sí mismo y retroalimentarse.  Cierto es que una elección no determina la permanencia de una dirigencia, pero no menos verdadero es que tiene que formar parte de un diagnóstico, pues quienes son postulados deben ser ejemplo de buen gobierno.  No sólo debe evaluarse el resultado de un proceso electoral sino también el desempeño de sus funcionarios”.

Contundente respuesta de uno de los descendientes del gigantesco Miguel Martínez Martínez –en el reino de los cielos–, fundador del PAN en tiempos de adversidad y que sonó con ganar elecciones, preservando una integridad a toda prueba que tanto se extraña.

Comparecer o no comparecer

Una vez que el gobernador Roberto Borge dio este miércoles su cuarto informe, con explosiva carga política para marcar el rumbo de su sucesión, ahora  el reloj apunta a la obligada glosa que deben efectuar los diputados locales, llamando a comparecer a los funcionarios clave para que expliquen a detalle los temas más delicados. Pero lamentablemente esta etapa ha sido desinflada por las últimas Legislaturas sin que nuestros representantes tengan una justificación.

En la cancha de los diputados está el proceso de revisión de los documentos entregados por Borge, quien tiene muchas cifras que presumir en materia de turismo, educación, salud y obra pública. El estado de su administración es de interés público, y son los 25 diputados los que deben hacer esta tarea de revisión a conciencia, como había ocurrido en otros gobiernos.

Los diputados en sus respectivas comisiones están obligados a analizar a detalle este cúmulo de información, convocando a los funcionarios del equipo central, como son Gabriel Mendicuti Loría (Secretaría de Gobierno), Gaspar Armando García Torres (Procurador de Justicia), José Alberto Alonso Ovando (Educación y Cultura), Juan Pedro Mercader Rodríguez (Seguridad Pública), Laura Lynn Fernández Piña (Turismo) y Juan Pablo Guillermo Molina (Finanzas y Planeación).

Mal harían los diputados pasando a otros temas, ya que su razón de ser es precisamente llamar a cuentas a los servidores públicos para que aclaren aspectos que no pueden ser expuestos a detalle en un informe, por la voluminosa cantidad de estadísticas y cifras.

Los diputados tienen la palabra, o la hamaca a la mano.

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