22 de Septiembre de 2018

Opinión

La paz está lejos

Durante el último lustro no hubo “buen gobierno”, como tampoco equidad, ni acceso a información pública...

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De acuerdo con el Instituto para la Economía y la Paz (Institute for Economics and Peace) son ocho pilares que un gobierno debe cumplir para alcanzar un nivel pacífico: buen funcionamiento; distribución equitativa de los recursos; libre flujo de información; entorno empresarial sólido; alto nivel de capital humano; aceptación de los derechos de otros; bajos niveles de corrupción, y buenas relaciones con vecinos.

Estas variables, compartidas por el internacionalista Mauricio Meschoulam en una conferencia reciente, en Cancún, son aplicables en los niveles federal, estatal y municipal, y no solamente en los estados-nación. Es decir, pueden supeditarse a espacios geográficos para efectos de análisis.

Así, por ejemplo, es posible examinar cada indicador en Benito Juárez y Solidaridad, lo mismo que en el ámbito estatal, regional o nacional. De entrada, el director del Centro de Investigación para la Paz México, AC, advertía que Quintana Roo ha obtenido baja calificación en casi todos los renglones mencionados.

Tal afirmación se explica al recordar que durante el último lustro no hubo “buen gobierno”, como tampoco equidad, ni acceso a información pública, ni estabilidad empresarial, ni respeto a los derechos, ni transparencia, ni relación cordial con Yucatán o Campeche, dos entidades con grados más que aceptables de paz.

Porque si bien en la esfera nacional se presentan tres retos insoslayables (bajar corrupción, buen funcionamiento y buenas relaciones con vecinos, según estudio de 2016), en nuestra entidad las carencias y deficiencias se multiplican en cada ítem, por lo que una reconstrucción desde los mismos cimientos es tan necesaria como inaplazable.

De esta manera resulta obligatorio fortalecer todos los pilares simultáneamente para crear una resistencia y paz duraderas, no sólo para cumplir a una instancia determinada o robustecer la imagen como destino turístico, sino para avanzar en los objetivos comprometidos con una población demandante en términos cívicos, culturales, económicos y políticos.

Estamos lejos de lograr puntos en el ranking, aun cuando las acciones del último tiempo parecen dar esperanza. Lo que está claro, es que no bastan las buenas intenciones para progresar en todos y evitar los círculos viciosos ya que dichos campos tienen dependencia recíproca, una característica que no siempre juega a favor.

Menos aún, aportan medidas como el alza de los combustibles, el incremento de los productos básicos, el endeudamiento, los nuevos impuestos, los hechos violentos, la discordia con grupos empresariales o el discurso populista de quienes disfrazan una realidad compleja.

El también articulista de El Universal subrayaba que es prioritario robustecer la “paz positiva”, definida como actitudes, instituciones y estructuras que promueven sociedades pacíficas. Estos factores también conducen a otros resultados positivos, como entornos empresariales fuertes, mayores niveles de bienestar e igualdad de género; por lo tanto, configura un ambiente óptimo para desarrollar el potencial humano. Visto así, este sistema interdependiente debe facilitar el espíritu emprendedor, la competitividad empresarial, el rendimiento ecológico, las alianzas entre fundaciones o los apoyos irrenunciables a los sectores marginados. Quintana Roo en su conjunto no puede esperar.

Desorbitado

Renunciar a vales de gasolina, exigir la disminución de presupuestos para partidos políticos o establecer dudosos planes de austeridad no son la solución a un “problema creciente”, como lo determinó el especialista referido en el tema central de esta columna. 

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