24 de Septiembre de 2018

Opinión

La reforma, el sindicato y la mala fama

Uno de los mayores defectos de la reforma energética es que “no toca” al sindicato.

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Es cierto que los más públicos de sus representantes son, en buena parte, los culpables de que hoy el sindicalismo sea una mala palabra en México. Los Gordillo, Romero, Flores, Ayala no ayudan; pero ¿no será que estamos tirando al drenaje al niño con el agua sucia? 

Leo en todas partes que, según esto, uno de los mayores defectos de la reforma energética es que “no toca” al sindicato. Lo escucho también, por cierto, de nuestra tan extraña izquierda, que se supone debería ser la defensora del menguante sindicalismo.

Debo estar viejo, pero aún fui educado y formado en la idea que el sindicato era esa necesaria organización por la que los trabajadores se organizaban para defender sus derechos y evitar los abusos de los patrones. Organización que, por cierto, en la mayoría de los casos funciona bien para sus miembros. Serán lo que sean sus líderes pero las condiciones, prestaciones, pensiones, horarios de los trabadores de Pemex o del IMSS o los afiliados al SNTE o el SUTERM están por encima de la inmensa mayoría de los mexicanos. Y que tal los miles que cobran de las mil y una creativas maneras que tienen los empresarios para pagar a sus trabajadores  y que implican no dar prestaciones: honorarios, honorarios asimilados a salarios y otras...

Gracias, entre cosas a los excesos de líderes sindicales de empresas o servicios del Estado, la reputación del sindicalismo está por los suelos. Así andarán las cosas que ser sindicalista es políticamente incorrecto. 

Me pregunto: si los líderes sindicales fueran diferentes, si no se hubieran exhibido con riquezas que no parecen corresponder a sus chambas, si escucharíamos las mismas exigencias de que el gobierno intervenga en la vida sindical o si escucharíamos quejidos por el sagrado derecho a la autonomía de las organizaciones obreras.

Los sindicatos son las organizaciones de los trabajadores. Supongo que algo les habrán dado esos líderes a los trabajadores como para haber durado tanto tiempo. Algo tendrán esos trabajadores que no tienen millones de otros trabajadores mexicanos. Así que yo, desde aquí, celebro que cualquier iniciativa de reforma energética no se meta con el sindicato de Pemex. 

Ese asunto se trata en otra ventanilla. 

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