20 de Julio de 2018

Opinión

La vida en el presente

Durante casi 15 años trabajando como maestro tuve la encomienda de dar clases de historia infinidad de veces...

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Durante casi 15 años trabajando como maestro tuve la encomienda de dar clases de historia infinidad de veces; recuerdo con claridad que a algunos de los alumnos les interesaba el tema, mientras que aotro nutrido grupo no, los últimos argumentaban que no le encontraban la utilidad a saber tantas cosas que ya estaban en el pasado y no les servirían para su vida actual. Uno de los mejores maestros que tuve durante mis años de estudiante nos decía: “La historia pretende el entendimiento de los hechos del pasado para comprender con propiedad el mundo actual y poder tomar decisiones que generen un futuro prometedor para todos”.

Un gran número de seres humanos parece tener algunos problemas con estos tres sencillos tiempos: pasado, presente y futuro. He observado que, tanto entre los integrantes de mi generación como en generaciones anteriores o posteriores, existe una marcada tendencia a anclarse tanto en el pasado como en el porvenir, olvidando que en realidad lo único que poseemos es el momento actual, nuestro presente,  en el que hemos de ser o no ser lo que ambicionamos y deseamos para nosotros mismos. Las poderosas ilusiones generadas por el pasado y el futuro nos seducen de tal manera que nos evitan ver la riqueza y la vida que tenemos entre las manos cada día.

Las actitudes ante el pasado comúnmente se reflejan en el constante recuerdo de un ayer  doloroso que nos secuestra la posibilidad de la felicidad del presente, es el caso de quien por ejemplo, después de pasar por un traumático divorcio, se queda varado en el sufrimiento de esos años sin poder ya vivir en la realidad del hoy, empeñado en hacer sangrar una herida que lucha por cerrarse, pero a la que nuestra mente y nuestro espíritu no le dan la oportunidad de sanar.

Otros ¿viven? en un pasado idealizado, en el que nuestra memoria se empeña en encontrar la suma de la felicidad. Convencidos de que todo tiempo pasado fue mejor, nuestro presente  se transforma en la desagradable tarea de arrastrar nuestra vida por cada una de las largas 24horas que tenemos la oportunidad de vivir día a día, como cadáveres insepultos que habiendo terminado su vida hace años sólo anhelan la paz del cementerio.

El futuro no es un refugio más promisorio, ante él se puede tener el temor más profundo esperando siempre que será tan dramático que la sola idea de lo que vendrá nos impide gozar de cada minuto del tiempo presente. Es el caso de muchos jóvenes y no pocos adultos que intentan vivir entre la desazón de las probables crisis económicas mundiales, las múltiples guerras que se nos pronostican, los problemas ecológicos o de salud que se vislumbran en el horizonte, postura que va recortándoles las alas a sus días, secando la dicha de cada momento compartido, menospreciando lo que la vida pone hoy en nuestras manos, por el temor de lo que vendrá.

Otra trampa es posponer toda la vida para el futuro. Hay quien siente que realmente vivirá cuando termine un carrera universitaria, para posteriormente trasladar su dicha al momento de un futuro matrimonio; al estar casado pensará que la felicidad llegará con los hijos, luego alejará esa felicidad hasta cuando llegue su jubilación y en el camino se olvidará de vivir la vida que tiene el día de hoy, olvidándose de vivir estas 24 horas por la esperanza de una felicidad próxima, cuando en realidad no sabemos si llegaremos vivos al próximo fin de semana. Depositando toda la esperanza y felicidad en el porvenir,dejaremos de paladear las dulces gotas de vida que el hoy no regala.

Las fugas al futuro o al pasado son sólo eso, fugas estérilesque narcotizan el presente, que hacen menos vida la vida que hoy tenemos entre nuestras manos. Nuestra realidad está en el hoy, el pasado ya no es, el futuro tampoco es, uno ya no puede ser y el otro no sabremos nunca si será. El futuro nunca será alcanzado, sólo tenemos la vida que hoy afiancemos hasta con las uñas a nuestro presente, aquella vida que tercamente estemos dispuestos a construir y vivir en estos momentos, no en los espejismos del ayer o del mañana.

Nuestra vida está en el hoy, hoy trabajemos, hoy amemos a nuestros hermanos, novia, hijos, esposa, a todos aquellos por los que la vida es maravillosa y ¿por qué no?, vivamos también nuestro día por aquellos a quienes no somos tan afines, para que a través de todos los minutos de nuestro día logremos construir una mayor afinidad.No hay más porvenir, el porvenir es hoy, es ahora.

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