20 de Octubre de 2018

Opinión

“La vida no vale nada”

Cuarenta y cuatro años después de su fundación como ciudad, Cancún continúa en búsqueda...

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Cuarenta y cuatro años después de su fundación como ciudad, Cancún continúa en búsqueda de una identidad propia, y los pocos intentos institucionales que se han dado con ese propósito a lo largo de las últimas décadas, no siempre se han alcanzado los resultados deseados; no obstante, en esta ocasión, el gobierno municipal se ha anotado un diez con la colocación del busto de un reconocido compositor e intérprete guanajuatense en un espacio verde de la Avenida Tulum. 

Entre ruidos de máquinas y polvo que fluye de la acera de enfrente, la emblemática Avenida Tulum de esta ciudad recibió la mañana del jueves pasado la visita de autoridades municipales y personajes relacionados con la música mexicana, entre ellos don Armando Manzanero y Martín Urieta. En ausencia del alcalde Paul Carrillo de Cáceres, el secretario del Ayuntamiento, José de la Peña, develó el busto del fallecido compositor e intérprete José Alfredo Jiménez, obra del escultor Ariel de la Peña, cuya coincidencia de apellidos pasó inadvertida para la mayoría de los presentes, aunque ambos son originarios del Distrito Federal.

Un tramo de la céntrica Avenida Tulum ha sido objeto de un polémico proyecto que está próximo a concluir y que busca rediseñar su concepto de origen. Las voces discordantes han dicho que en ningún momento se enteró a la ciudadanía de la remodelación, cuya fecha de terminación se ha pospuesto en más de cuatro ocasiones, salvo a un reducido grupo de comerciantes y hoteleros cuyos negocios se encuentran en el primer cuadro de la ciudad.

La tala de árboles en ese tramo de la Avenida causó molestia desde un principio, sobre todo porque el gobierno municipal no ha sido claro hasta hoy, de dar a conocer los detalles de una obra que ha quedado a la imaginación de los ciudadanos. Lo que sí se va definiendo, conforme avanza el rediseñamiento, es que las necesidades de estacionamiento en una zona de bancos, de comercios y de oficinas gubernamentales, han cedido su lugar a los intereses de diversión y esparcimiento de los turistas, pues sólo así se explican los excesivos espacios de jardín y de banquetas que terminaron por “comerse” las áreas de aparcamiento vehicular. En ese tenor, los restauranteros se aprestan a convertir la zona en una especie de Garibaldi local, una cantina abierta, pues. 

Por eso mismo, la brillante idea de colocar el busto de bronce del afamado compositor José Alfredo Jiménez (quien murió de cirrosis hepática) no pudo ser mejor. Fue autor entre otras canciones de “Llegó borracho el borracho”, “En el último trago” y “Estoy en el rincón de una cantina”, melodías que reflejan muy bien una identidad que no queremos para Cancún, aunque debemos reconocer que “La vida no vale nada”, alude muy bien al lado oculto de un polo turístico como el nuestro, ubicado entre los primeros lugares a nivel nacional en la estadística de suicidios y con un índice de ejecuciones alarmante.

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