16 de Noviembre de 2018

Opinión

Lanzarse

Hay gente que no acepta a los creadores que no tuvimos formación universitaria, parece que de nada valen los reconocimientos de fuera, incluso los internacionales.

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Los procesos de formación artística pueden ser muy variados. Somos muchos los creadores que por una u otra razón no tuvimos formación universitaria, sería lamentable pensar que esto nos omite de una realización artística verdadera. 

Cuando terminé la secundaria,  mi mamá me dijo: “Tú no estudiarás la preparatoria, vas a reprobar todo porque eres muy tonta”. Y me puso a estudiar inglés, danza y teatro en talleres libres. Yo  decidí especializarme,  estudiar diplomados y seminarios de dramaturgia porque mi vocación es escribir teatro. 

Seleccioné a los maestros que me interesaba seguir y a quienes admiraba, pues cursar tres años de carrera en una escuela donde la mayoría de los maestros carecen de un discurso sólido y sólo estimulan alabanzas a su ego me parece pérdida de tiempo y dinero.

Hay gente que no acepta a los creadores que no tuvimos formación universitaria, parece que de nada valen los reconocimientos de fuera, incluso los internacionales y no hay lugar en el Estado para  compartir las experiencias que nos han colocado en el panorama del teatro nacional. 

Por fortuna, esta mentalidad es privativa de Mérida, ya que fuera de ahí, tengo el lujo de ser invitada a impartir talleres y conferencias alrededor del mundo. 

Ahora estoy en Acapulco impartiendo un taller de teatro a 25 creadores. Aquí se respira una enorme efervescencia del arte y la cultura. A partir de que Gabriel Brito es director de cultura, comienza una labor que va avanzando indetenible: conciertos, exposiciones, intervenciones, talleres, todo lo necesario para que los acapulqueños encuentren caminos de expresión y formación artística. 

Se concibe ahora un proyecto teatral de gran magnitud y me siento muy honrada de ser parte de ello. Mi admiración por el trabajo de Gabriel va más allá de la amistad que nos une y la empatía  por la dramaturgia, tiene más que ver con descubrir las semejanzas con Mérida; el calor en las calles, las cervezas tan a mano para sofocarlo, la aparente monotonía y el enorme entusiasmo porque el arte empieza a estar muy por encima de todo eso.

Los clavadistas se lanzan desde “La Quebrada”, con el riesgo de azotarse en las piedras o perderse en el mar. Algo así hacen Gabriel y el gobierno de Acapulco: lanzan palabras y creaciones al mar, con el interés de construir la cultura. 

Si hay naufragio, el tiempo dirá, ellos hacen arte y convocan a los acapulqueños a ser parte de ello. En un país donde los “encargados” de cultura no hacen el mínimo esfuerzo, en Acapulco se está haciendo mucho. Reafirmo: para lanzarse al mar creativo, todos los papeles salen sobrando; basta abrazar los sueños y lanzarse.

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