Las divas, sensualidad fílmica

Nueva sección homoespaciera, ahora sobre las bellezas del séptimo arte.

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Nueva sección homoespaciera, ahora sobre las bellezas del séptimo arte. En esta primera edición presentamos los inicios de la mujer en el cine, el origen del término “divas”, la primera cineasta y las inaugurales actrices tanto de los temas mudos como sonoros. Además, seleccionamos a dos fascinantes figuras de la pantalla grande: la primera es una estremecedora italiana, que si bien sufrió la miseria provocada por la Segunda Guerra Mundial y el abandono de su padre, su vida sin lugar a dudas es ejemplar  y quien por cierto acaba de celebrar sus ochenta años de vida en tierras mexicanas; el segundo suspiro, lo arrebata una hermosa checoslovaca que tomó nuestro país como segunda patria, a quien Pedro Infante le cantara al oído “tengo ganas de gritar, te quiero” y cuya muerte sigue siendo un enigma.

Las divas cuentan con múltiples talentos, pero sin titubear, el arte que mejor emplean es la seducción… alguna fugaz mirada con cierta altivez, un fino cruce de piernas, el estilo al recoger su cabellera, un discreto mordisqueo de sus labios, pericia al sonreír y otras muchas subliminales tácticas que fluyen con tanta naturalidad en ellas ¿Cuántos libros, canciones, pinturas se les han dedicado e incluso imperios que se han puesto a sus pies? Al fin y al cabo después de que cualquier hombre logra sus conquistas ¿a quién ofrece sus triunfos? Un ejemplo es que todos los continentes tienen terminación femenina, poseen debilidad y fortaleza, dueñas de la sensibilidad y la inspiración.

El lenguaje fílmico traduce lo anterior entre escenas que guardamos en la emoción, proyecciones que alientan o “un final de película” que en algunos casos se convierte en realidad. Así, entre cámaras que captan esa magia del cine, descubriremos el aporte de aquellas divas de la sensualidad fílmica.

Las pioneras del cine                            

A finales del siglo XIX, cuando los hermanos franceses Lumière presentan su invento llamado cinématographe, exactamente un 28 de diciembre de 1895, se realiza la primera proyección de una cinta en el Salón Indio del Grand Café, ubicado en el número 14 del Bulevar de los Capuchinos en París, donde los primeros cineastas abren el telón de un mundo donde las imágenes en movimiento se convirtieron en arte de aquellos primitivos cinemas conocidos como Nikelodeons, denominación que recibieron porque la entrada costaba un “nikel” o cinco centavos, pero respecto a la mujer: ¿quién fue la primera en aportar algo al cine?

En aquellos tiempos, Alice Guy Blaché era una joven secretaria francesa en la Compañía Gaumont, empresa que incluía como socios al célebre ingeniero Gustave Eiffel; el astrónomo y geógrafo Joseph Vallot, así como al banquero y filántropo Henry Besnier. La entonces asistente del inventor Léon Gaumont, experimentaba con las cámaras de la compañía, las Demeny-Gaumont, que utilizaba para recrear imágenes en movimiento del arte escénico y que diera por resultado su ópera prima: La Fée aux Choux en 1896. Cabe mencionar que esta primera directora de cine realizó más de 600 filmes, compitió con las grandes productoras hollywoodenses; se puede catalogar como la creadora de los efectos especiales y del cine narrativo.

También en esa época, grandes sopranos, llamadas las musas del “bel canto”, eran aclamadas en teatros de Roma y Venecia bajo la expresión de “divinas”, cuya traducción en italiano es “divas”, término utilizado por el cine para aquellas actrices con gran talento, aunque, en esta manifestación artística, el sentido de la palabra describe a una mujer misteriosa, rodeada de mitos y con una gran belleza.

En el periodo de los inicios del séptimo arte y hasta el año 1910, las “estrellas de cine” eran desconocidas, fue hasta este año cuando aparecen en el primer plano y con ello las primeras personalidades fílmicas. En lo que concierne a las damas, la división era clara: “vírgenes” que era el prototipo de las mujeres ingenuas y bondadosas, o las “vampiresas”, consideradas como perversas y altamente sensuales en su personalidad fílmica; lógicamente el interés por esta segunda clasificación pronto tomó fuerza entre el público.

Algunas de las iniciales “vampiresas” fueron Thenda Bara, apodada “la mujer más perversa del mundo”; Greta Garbo, conocida como “La divina” o “La mujer que no ríe”; Pola Negri, que tuviera algún romance con Charles Chaplin, o Jean Harlow, mejor conocida como “La rubia platino”, quien iniciara una moda, así como fascinación por las chicas doradas de Hollywood, que posicionara tiempo después la singular y atractiva Marilyn Monroe.

Sophia Loren, más de seis décadas de seducción italiana

Diva, cuyo término “perfección femenina” es muy cercano a esta sugerente napolitana por convicción; “Aprenda cómo besar” es una de sus frases favoritas, pero lamentablemente muchos no contamos con la suerte de que ella nos enseñara, así que ni hablar, hay que seguir tomando clases mis estimados homoespacieros. 

Sofia Villani Scicolone, sueño platónico de varias generaciones de varones, es originaria de Roma, Italia. Nació el 20 de septiembre de 1934. Su madre, Romilda Villani, contaba también con una hermosa imagen, incluso la invitaron a ser doble de Greta Garbo. El padre de Sophia, Riccardo Scicolone, es otro tema, ya que para lograr el agrado de la señora Romilda, simuló ser un productor de cine y luego de completar su cometido desapareció, ya que tenía otra familia; tiempo después regresaría sólo para dejar otra hija, Anna María.

Solas y bajo el terror nazi, Romilda Villani con sus dos hijas se trasladan a Nápoles -a la casa de los abuelos de Sophia- donde sobrevivieron esta etapa obscura de la humanidad. Ahí, Loren conoció el hambre y la desesperación, así como el valor de su pueblo al que ama con todo fervor. En sus tiempos de estudiante era una chica delgada y un poco tímida, a los 14 años experimenta una transformación y se convierte en una inquietante mujer.

En 1950, Sophia, de 15 años, junto a su madre y hermana se trasladan nuevamente a Roma. La belleza de la Loren empezaba a llamar más la atención al ganar un concurso de modelaje y lograr su primer papel representativo como extra del film Quo Vadis en 1951, así como aparecer en algunos cómics que utilizaban fotos reales, en lugar de dibujos animados.

El protagónico en el cual utilizara por primera ocasión su nombre artístico fue el rollo Aida (1953) y algunos años después, Hollywood conocería a Loren con el filme Orgullo y pasión (1957), en el que compartió créditos con Frank Sinatra. En esta segunda mitad de los años cincuenta, Sophia era cortejada por dos hombres: el actor británico Gary Grant y el productor italiano Carlo Ponti, con quien finalmente casó.

La pareja pronto sufrió algunas dificultades, ya que en esos tiempos Ponti aún se encontraba casado y el divorcio era prohibido en Italia. Entonces decidieron casarse en México en 1962, aunque tuvieron que anularlo al regresar a Italia por posibles acusaciones de bigamia. En 1966 logran la nacionalidad francesa, así como su legítima unión. Este matrimonio es uno de las historias inusuales dentro del cine, ya que ella permaneció al lado del productor hasta que él fallece en 2007. Tuvieron dos hijos, Carlo  y Eduardo Ponti.

Los principales éxitos de la Loren llegaron en la década de los sesenta. La película Dos mujeres (1960) ha sido su obra maestra al personificar a una madre que intenta proteger a su hija en medio de la Segunda Guerra Mundial, las cuales son violadas; un drama impactante, así como una gran muestra en la actuación de Sophia. Este filme le brindó un Oscar -el primero en no ser otorgado a una película en idioma inglés- y una Palma de Oro, entre otros más.

Algunas de sus principales películas son: It Started in Naples (1960), con Clark Gable; El Cid (1961), en compañía de Charlton Heston;  Ayer, Hoy y Mañana (1963); Señora L (1965); La condesa de Hong Kong (1967), coprotagonizada por Marlon Brando y dirigida por Charles Chaplin; Una giornata particolare (1977), de Ettore Scola; Prêt-à-Porter (1994), Grumpier Old Men (1995) y Nueve (2009).

Además, esta diva ha grabado más de dos docenas de canciones; su biografía Sophia Loren: Vivir y Amar, obra publicada en 1980 y escrita por A. Hotchner, fue llevada a la televisión en una miniserie en la que Loren interpretó a su madre y a sí misma. También ha publicado algunos libros de cocina; empresaria de perfumes y lentes; se considera una  amante del juego de mesa Scrabble y a sus 80 años no permite deprimirse. Siempre optimista la Loren nos demuestra que la vejez se lleva sólo en la mente.

Miroslava, mística belleza del Cine de Oro mexicano

Todo parece indicar que el encanto de esta actriz fue de la misma dimensión que su historia trágica, lamentable que la vida de una mujer tan hermosa concluyera de una forma tan súbita, sus ojos turquesa, afinada sencillez en sus actuaciones y una personalidad noble, que tal vez, nunca se valoraron.

Miroslava Štern nació en Checoslovaquia el 27 de febrero de 1926. Fue hija adoptada del doctor Oskar Štern y Miroslava Béckova; vivió el horror de los campos de concentración nazis de los que la familia logra escapar y comienza a peregrinar entre países nórdicos, hasta que en 1940 llegan a México.

Después de estos episodios tan aberrantes de la humanidad, otro triste acontecimiento sufre Miroslava en 1944 por el fallecimiento de su madre, lo que le produjo una profunda depresión. El doctor Štern, preocupado por el estado de su hija, la envía a estudiar diseño y arquitectura a Nueva York, pero el fallecimiento de su novio, un soldado estadounidense la hace regresar a México.

En 1945 decide estudiar actuación con el maestro Seki Sano y ahí conoce al entonces estudiante de dirección escénica Jaime Gómez Obregón, mejor conocido como “El bambi”,  con el que se casa el 2 de febrero de 1946, aunque duró más la boda que el matrimonio, ya que Miroslava descubre que él tenía otras preferencias sexuales. Lo paradójico es que su primera película filmada en ese año se llamó Bodas trágicas, junto con Ernesto Alonso.

El periodo profesional de la actriz (nueve años), que si bien fue de poco tiempo, contó con un desarrollo acelerado al participar en 27 filmes nacionales de los que figuran: ¡A volar joven! (1947), protagonizado por Mario Moreno "Cantinflas", quien se rumora que tuvo su “detalle” con la checoslovaca; Ella y yo (1951), cinta que le permitió actuar con Pedro Armendáriz; El monstruo resucitado (1953), filme de terror; Escuela de vagabundos (1954), donde Pedro Infante le canta con gran romanticismo el tema “Grito prisionero”, del compositor capitalino Gabriel Luna de la Fuente, y su última película, Ensayo de un crimen (1955), de Luis Buñuel. Grabó tres cintas hollywoodenses: Adventures of Casanova (1947), The Breve Bulls (1950) y Stranger on Horseback (1955).

En torno a su repentina muerte, existen cerca de siete u ocho versiones. La más escuchada es que Miroslava se suicidó a causa de que el torero Luis Miguel Dominguín - padre de Miguel Bosé- se casara con Lucía Bosé, cuando a ella ya le había propuesto matrimonio. También existen muchos cabos sueltos sobre su deceso, como el que la sirvienta, luego de estar dos días en casa de la actriz, nunca se dio cuenta de su fallecimiento y fue, según cuentan, que una amiga abrió la puerta de la alcoba junto con la ama de llaves y  descubrieron atónitas, el cuerpo sin vida de Miroslava. Otros afirman que fue un avionazo en compañía del yerno de Plutarco Elías Calles, Jorge Pasquel, mismo que sucedió dos días antes de la gris noticia sobre la artista. Incluso algunos comentan que “Cantinflas” fue por quien se suicidó. Existe por ahí otra versión, según comenta un actor de esos años, que en casa de uno de los principales políticos de aquel entonces, hubo un exceso en el consumo de drogas, lo que le provocó un colapso a Miroslava y creó toda una historia de su suicidio con fármacos para encubrir la verdad.

En fin, el hecho es que una bella mujer que comenzaba a experimentar la cima de su carrera, así como obtener el cariño del público mexicano y la admiración de sus colegas, perdió la vida de una forma tan desconocida como sus orígenes.

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