23 de Septiembre de 2018

Opinión

“Las lecciones de la vida”

Los problemas más profundos tienen su origen en una actitud de desamor hacia nosotros mismos.

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Las lecciones que más fruto nos dejan son las lecciones de la vida. Y les sacamos más provecho al aceptarlas, si logramos pasar ese examen que es muy difícil: vivir la vida en plenitud.

Decía Sócrates: “El hombre no es un problema para resolver, sino una soledad para curar”. Es una frase muy cierta y certera para empezar este mes de febrero.

Una desgracia, ya sea una separación, un divorcio, una muerte, o una tragedia personal, debemos de entenderla como una oportunidad para resolver esta angustia. Es un momento fértil para encontrar respuestas, aceptación y amor en nuestro interior.

Cuántas veces la vida nos pone pruebas muy difíciles de sobrellevar, pero con la fuerza de la oración, nuestra tenacidad, y fortaleza, siempre saldremos adelante.

A pesar de que en un primer momento esa situación nos puede resultar dolorosa, una ruptura también puede ser una oportunidad para conectarnos con nosotros mismos, y dejar de proyectar nuestras dificultades en los demás, encontrarnos y reconciliarnos con la propia sombra, y resolver nuestra vida. Buena es la frase “Nada es para mal, todo es para bien”.

Los problemas más profundos tienen su origen en una actitud de desamor hacia nosotros mismos, en pensar que no somos merecedores de estima. Es una inseguridad básica que reside en la creencia de que no somos suficientes buenos o aptos, y de que no somos dignos de amor tal como somos. Por eso la única solución para sanar el desamor que sentimos hacia nosotros mismos es amarnos, valorarnos, respetarnos y aceptarnos.

Las personas suelen creer que necesitan de otros para obtener amor, pero en realidad nosotros somos nuestra propia fuente de amor. Descubrirlo nos hace más fuertes. El camino consiste en querernos tal como somos: darnos cuenta de que nosotros nos amamos de una manera relativa, es decir, sólo cuando cumplimos con las expectativas de los demás y de aquello que creemos que debemos ser.

Pero nos desagrada ver nuestros aspectos más débiles y dependientes. La idea entonces es conectarnos con nuestros aspectos más vulnerables y amararnos tal como somos. La vida es como supermercado donde podemos comprar todo lo que deseemos, pero la moneda para conseguir todo eso es una moneda muy especial, es... ¡nuestro esfuerzo!

Claro que es “nuestra actitud” ante la vida. Por lo tanto, hay que ser positivo y optimista, aun en la enfermedad y en la desgracia. Será nuestra óptica en ver el lado positivo del problema, y usar nuestro esfuerzo para conseguir lo que deseamos.

La gran oportunidad que se esconde detrás de una tragedia, una desgracia personal o sentimental, es la posibilidad de conocernos y aceptarnos en plenitud, para desarrollar un amor incondicional y sin grietas hacia nuestra persona.

Entre los papeles que me dejó mi madre, guardo esta sentencia, la cual comparto contigo: “Antes de rezar: perdona; antes de hablar: escucha; antes de escribir: piensa; antes de gastar: gana; antes de criticar: espera; y antes de rendirte: prueba”.

No hay que olvidar que la vida es un banquete, lo triste es que la mayoría de las personas se están muriendo de hambre.

Dr. Roberto Díaz y Díaz.

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