17 de Enero de 2018

Opinión

Las “memorias” de don Nerio

Estoy seguro que si el taxi que contrataste era de los de Nerio Torres no te transó, era lo justo.

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Me encontré al viejo cascarrabias a las puertas de El Olimpo. Estaba, como casi siempre, refunfuñando porque un taxista le cobró $50 por llevarlo de su casa –que está en los requintos infiernos- hasta el centro.

Ya era noche y se le había hecho tarde para llegar al concierto de la Típica en Santa Ana (le encantaba la orquesta y siempre que podía, desde hace 50 años, iba a oírla), era fin de mes y disponía de unos centavos para darse el lujo de viajar en coche de alquiler (así decía, como antiguamente).

Su molestia obedecía a que, según él, $50 era mucho. “Ya discutí con el taxista”, me dijo, “pero me mostraba su taxímetro e insistía en que eso costaba el viaje. Pensé que con $20 era suficiente, pero bueno, con esas cosas modernas no se puede. Eso es lo que me molesta, de todo le echan la culpa a los aparatos, hasta en Teléfonos y la Comisión. Hablas y te mandan a grabaciones. Estamos jorobados”.

No viejo –repuse- tú estás en otra era, te quedaste estancado en el ayer. Estoy seguro que si el taxi que contrataste era de los de Nerio Torres no te transó, era lo justo. De los otros que aparecieron como hongos después de un aguacero (gracias al Pato Patrón), no sé, pero de los serios, o sea los del FUTV, no tengo dudas.

¿Te acuerdas Custodio –me preguntó- cuando la Plaza Grande estaba cercada de autos de alquiler? Se veía feo. Si la memoria no me falla, fue Cuco Granja (así le decía al ex alcalde y ex gobernador Federico Granja Ricalde, como si hubieran jugado canicas juntos) quien, junto con Nerio Torres, se aventaron el tiro y los retiraron del rededor del parque.

Si la memoria te falla, le dije, para refrescártela está el libro “Mis memorias” que acaba de publicar don Nerio y que es no sólo un recuento de la presencia relevante del gremio taxista en la historia de Mérida y de Yucatán, sino un documento necesario para entender una época determinante en la política vernácula.

Mare te aventaste un rollo, me asestó el anciano. No me vayas a salir con que es tu amigo el jubilado líder de los choferes y que te tocó libro, porque leí que no lo va a vender sino lo regalará a los del Frente y a sus amigos y que yo sepa tú no eres taxista.

Pues fíjate que sí envidioso, repliqué. Sí es mi amigo y no me ha tocado libro, pero seguro me toca, aunque no sea de los de forro de piel. Y ahí sin duda figura ese episodio, cuando Nerio y Cuco pasaron a los taxistas del parque al predio de El Olimpo. Y todos lo celebramos, cascarrabias.

El viejo se fue caminando a Santa Ana y recitando su consabido: Sic transit...

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