17 de Noviembre de 2018

Opinión

“Las necesidades del alma”

Qué amarga experiencia la de aquellos sujetos que gastaron sus vidas en sostener a su familia.

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El cuerpo y la mente están estrechamente vinculados. El malestar físico que experimentan muchas personas tiene su origen en la falta de placer e ilusión en no satisfacer sus propias necesidades vitales. 

Esas que, muchas veces, son “las necesidades del alma”.
Está muy difundida la creencia de que todas nuestras dificultades, nuestros conflictos y frustraciones, se solucionarán si no pensamos en ellos, y los reemplazamos por pensamientos más positivos.

Pero la sicología moderna ha visto que es un error ocultar lo que nos perturba, sostenido por la ilusión, de que aquello en lo que no pensemos dejará de existir.

Una persona está sola si no puede diversificar sus fuentes de placer. Lo cual es muy necesario para el bienestar psíquico, emocional y corporal.

Qué amarga experiencia la de aquellos sujetos que gastaron sus vidas en sostener a su familia, en un trabajo que no amaron y vivieron una vida de insatisfacción constante, pues se olvidaron de ellos mismos. Y cuando tienen más libertad, porque sus hijos ya alzaron el vuelo y se quedaron solos, sienten que han perdido la oportunidad de vivir, y reconocen que no fueron felices. Y nace en su mente la depresión, la tristeza y la frustración.

Claro que el trabajo es una poderosa forma de contacto con la realidad, pero no siempre es satisfactorio y no siempre le llena a la persona en todo su contenido. Es cuando la realidad nos obliga a buscar cosas más placenteras que nos den un poco de esperanza a nuestras vidas. No hay que olvidar la sentencia que dice: “No es lo que haces para vivir, sino ¿qué es lo que haces para sentirte vivo?”.

Una vida emocional sana se apoya en tres pilares fundamentales: el trabajo, la salud y la vida afectiva. Cuando falla alguno de los tres, se desequilibra el resto. Si tienes adicción al trabajo o al amor, te llevan al vacío. Y puedes caer en la frustración si tu vida afectiva no es manifestada en obras.

Tal vez hoy en tu vida la soledad se haga insoportable, pues aunque vives con tu familia, no convives con tu familia. Eres un trabajo-adicto. Pues piensas que acumulando dinero, bienes materiales y cosas superfluas serás feliz. No vives el presente, sólo sufres de un futuro que tal vez no lo vayas a vivir.

No hay que olvidar que un trabajo excesivo nos puede llevar a un estrés, y nos ocasione un infarto; una renuncia a nuestros deseos vitales, nos puede enfermar la mente y el cuerpo: asma, úlceras gástricas, colon irritable, problemas en la piel, ataques de pánico, depresiones y ansiedad, etc.

Hoy podemos hacer un cambio en los valores de nuestra vida para dejar de sufrir y de enfermarnos y... ¡comenzar a vivir! 

Si ponemos en práctica esto que comparto contigo: “Más besos que bofetadas; más poesía y menos discursos; más sueños que pesadillas; más riqueza y menos dinero; más justicia y menos juicios; más lecturas y menos televisión; más hombres y menos machos; más mujeres y menos sumisas”.

Ojalá que cada una de estas ideas prenda en nuestras emociones. Nuestro cuerpo y nuestra salud mental nos lo agradecerán. 

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