20 de Septiembre de 2018

Opinión

Las reformas funcionarán

El objetivo de flexibilizar el trabajo no es dar mejores condiciones de vida a los asalariados, sino facilitar los negocios al capital.

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Las reformas impulsadas por Peña Nieto han generado distintas opiniones sobre sus efectos. Para algunos, éstas parecieran iniciar un cambio radical en la economía del país, marcar un antes y un después en el que, finalmente, México alcanzará la elusiva condición de país desarrollado. Otros manifiestan dudas sobre si las reformas serán efectivas y lograrán sus objetivos y en qué medida. Me parece que esas dos posiciones están equivocadas.

Estoy convencido de que la nueva legislación laboral y energética logrará los fines para los que este tipo de medidas han sido diseñadas. Las reformas están siendo exitosas en flexibilizar las relaciones laborales. Como consecuencia, el trabajo se ha venido precarizando y, por ejemplo, en 2013 recibieron aguinaldo 2 millones menos de trabajadores que en 2012. El objetivo de flexibilizar el trabajo no es dar mejores condiciones de vida a los asalariados, sino facilitar los negocios al capital. 

Eso es lo que la reforma está haciendo. Por su parte, la reforma energética tendrá como resultado que las ganancias de la explotación petrolera dejen de ser en su totalidad del Estado, para pasar a compartirse con los nuevos inversionistas. Esto no traerá mayores ingresos directos al gobierno, realmente no se supone que lo haga, sino a dichos inversionistas. La reforma funcionará.

La lógica de esta dinámica neoliberal es que al dar dinero a los que más tienen éstos invertirán en más negocios, movidos por el interés de ganar aún más, y se producirá desarrollo económico, con más empleo e ingresos para todo mundo. El razonamiento es impecable. El único problema es que, a treinta años de implementado el modelo, ha quedado claro que la mejoría económica jamás se generaliza. Así, el país ha producido tanto al hombre más rico del mundo como a 60 millones de pobres. Y todo sin salir del subdesarrollo.

Lo que las reformas no harán -porque no están diseñadas para eso- será acabar con la miseria y con la gigantesca desigualdad, que entre otras cosas garantizan la mano de obra de la delincuencia y la masiva migración al extranjero. Las reformas satisfacen viejos anhelos de grupos muy poderosos, pero distan de satisfacer las necesidades generales de la sociedad.

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