16 de Octubre de 2018

Opinión

“Las tres plenitudes humanas”

No seamos vaso que almacene amarguras, ni canal que no retenga sabiduría.

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Existe una antigua clasificación de las personas, la cual hace San Anselmo y valdría la pena repasarla para ver dónde nos encontramos. Anselmo habla de las tres plenitudes humanas y es un buen autoanálisis.

Hay tres tipos de personas: las vaso, las canal y las fuente. Las personas vaso son las que retienen y no dan nada. Las canal son las que dan y no retienen. Las fuente son las que crean, retienen y dan.

Qué importante es analizar en qué tipo de persona estamos viviendo para hacer un cambio y estudiar si nos están disfrutando o nos están soportando. “Si vivieras contigo, ¿te gustaría permanecer a tu lado?”.

Los primeros son los seres humanos-vaso. Su única ocupación es almacenar virtudes, ciencia y sabiduría, objetos y dinero. Son aquellos que creen saber todo lo que hay que saber; tener todo lo que hay que tener. Son esos seres perfectos, pero perfectos en su egoísmo. Consideran su tarea terminada cuando han concluido su almacenamiento. 

Leen muchos libros, pero nunca comparten lo que leen y menos lo que saben. No pueden compartir su alegría, ni poner al servicio de los demás sus talentos, ni siquiera repartir cariño, comprensión o una sonrisa. Son extraordinariamente estériles; servidores de su egoísmo; son carceleros de su propio potencial humano.

Las segundas personas son los seres humanos-canal. Son aquellas que se pasan la vida haciendo y haciendo cosas. Su lema es: “producir, producir y producir”. No están felices si no realizan muchas, muchísimas actividades y todas de prisa, sin perder un minuto. Creen estar al servicio de los demás, pero son fruto de su neurosis productiva. 

En realidad su accionar es el único modo que tienen para calmar sus carencias; dan, dan y dan, pero no retienen. Siguen dando y se sienten vacíos. Son muchos hombres que están trabajando sin saber para qué trabajan. Y como tantas amas de casa, quienes creen que con trabajar y ser víctimas están cumpliendo con la rutina del hogar y lo único que logran es una infelicidad y una vacuidad del alma insoportable.

Y las terceras personas son esas seres humanos-fuente. Estos son los que hay que tratar de ser. Son seres fenomenales, aquellas personas que son verdaderos manantiales de vida. Capaces de dar sin vaciarse y de regar sin decrecer; de ofrecer su agua sin quedarse secos. Son aquellos que nos ayudan con su comprensión, con su amor y su cariño. 

Nos infunden ánimo cuando el alma está triste y apoyo con amor incondicional. Nos brindan su amor, nos infunden confianza y generan optimismo. Son los que iluminan con su reflejo nuestra propia vida. 

En este año de debacles causadas por la naturaleza y por el hombre es bueno volver a pensar como estamos viviendo nuestra vida. 

Tendremos la opción de ser vaso, de ser canal o en ser hombres fuente. De salir de nuestro egoísmo y empezar a pensar en nuestros semejantes, o vivir amodorrados en nuestras carencias espirituales con nuestro sufrimiento a cuestas. 

No seamos vaso que almacene amarguras, ni canal que no retenga sabiduría. Seamos hombres fuente, que crean amor y comprensión, que retienen las enseñanzas de la vida y la dan a manos llenas para ser felices hoy, ahora y siempre.

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