18 de Septiembre de 2018

Opinión

Lecturas crónicas

Leer es ir al propio ritmo, detenerse en los fragmentos hechos para uno, apresurarse en los que todavía no es tiempo de cosechar...

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El libro que leo tiene tres prólogos, cada uno corresponde a una diferente edición (Nostromo 1972, Destinolibro 1982, Anagrama 2000). En ellos, la autora explica el recorrido editorial de los escritos que han formado parte del libro; deja constancia de las adiciones, las sustracciones, y las permanencias de lo contenido bajo el título: La búsqueda de interlocutor.

Otro recorrido al que aluden estos tres prólogos es el de las ideas recurrentes que en el caso de la autora del libro, Carmen Martín Gaite, parecen fuente inagotable de escritura, así las ideas expuestas en un ensayo se amplían y ahondan en la trama de sus novelas; alguna idea recogida en su trabajo ficcional se despliega en su trabajo ensayístico.

Treinta artículos se incluyen en la edición de Anagrama, algunos de sus títulos son: “Las trampas de lo inefable”, “Personalidad y libertad”, “La enfermedad del orden”, “Palabras mayores”, “Charlar y dialogar”. 

Escojo un pasaje de “Recetas contra la prisa” para compartirte: “Se puede dejar que la prisa invada nuestras piernas, nuestros brazos; que alcance a todos los miembros eficaces para servirla. Pero, en cambio, hay que poner a salvo nuestra mente, en cuyo terreno hace la prisa sus verdaderos y más lamentables estragos, ya que puede llegar a sustituir el pensamiento”. Como remedio la autora nos invita a imitar a los niños, ya que ellos “son de los pocos seres humanos libres, dueños de su tiempo. Mantienen la mente clara y alerta en medio de la prisa que intenta minarnos por todas partes, se entregan de lleno, con paciencia y atención, a cada cosa que van haciendo. Por eso tienen la puerta abierta a todo aprendizaje”.

Leer es ir al propio ritmo, detenerse en los fragmentos hechos para uno, apresurarse en los que todavía no es tiempo de cosechar. Una de las virtudes de la lectura es que aunque recorramos una y otra vez las mismas páginas siempre llegaremos a lugares distintos.

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