25 de Septiembre de 2018

Opinión

El legado de Andrés (4)

La cima de la estrategia y de la astucia política del partido se deposita en su dirigente máximo.

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La actitud de Andrés López ante la crítica es reveladora de su concepción de la política y lo que en ella se disputa. Su punto de partida al recibir una crítica, como afirmó en televisión nacional en 2012, es preguntarse “¿de parte de quién?”. Es decir, la crítica es por sí misma un arma arrojadiza usada por rivales. La crítica no puede tener un contenido a juzgarse por sí mismo, lo importante no es lo que cuestiona, sino quién cuestiona. Siendo el emisario un enemigo -y lo es por definición, pues los amigos no critican-, las dañinas intenciones de la crítica se revelan y el contenido de ésta no merece ser juzgado.

Esta misma concepción define la forma de tomar decisiones. La cima de la estrategia y de la astucia política del partido se deposita en su dirigente máximo. Es de interés general que pueda actuar con la mayor eficacia, por tanto, si sus decisiones chocan con normas o derechos de otros, éstos deben subordinarse. Se exige así una suerte de omerta al actuar ante las instituciones del Estado. 

De esta forma que, por ejemplo, un militante ilegalmente desplazado de una candidatura a diputado, en favor de un amigo del equipo de beis del dirigente; o aquél al que se priva de la postulación obtenida como premio en el sorteo del Morelate, en favor de un meritorio, está obligado a aceptar el abuso y de ninguna manera defender su derecho ante los tribunales electorales, so pena de ser excluido del partido. El duro consenso de sus seguidores es que bajo ninguna circunstancia Andrés debe ser cuestionado. Esta es la base de una autocracia funcional. Ninguna verdad ni derecho individual pueden estar por encima los muy meritorios objetivos de López Obrador, que son los de Morena.

Bajo el peso de esta razón de Estadito, el pasado de López Obrador se vuelve tabú. Hablar de su afiliación al PRI poco después del 2 de octubre, de su militancia en éste allende el halconazo, y de que el 6 de julio de 1988 hacía méritos en las filas electorales de Carlos Salinas, son algunas de las cosas prohibidas. El mismo respeto se exige a las decisiones que toma por encima de cualquier órgano partidista, y cuyo epítome fue, al sufrir un infarto, designar vocero del partido a su hijo, desplazando al presidente de Morena. El cuerpo partidista es útil sólo en tanto potencia al caudillo.

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