17 de Enero de 2018

Opinión

Leyes del primer mundo en un país del segundo

A todos nos encantaría una nación ordenada, limpia, con leyes eficientes y modernas y sobre todo mucha disciplina.

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A todos nos encantaría una nación ordenada, limpia, con leyes eficientes y modernas y sobre todo mucha disciplina. No es posible llevar a cabo esto sin tener el terreno donde hacerlo. La autopista Interstate 75 que cruza la megalópolis de Miami de Sur a Norte tiene décadas construida. Tiene 12 carriles y no requiere mayores mantenimientos ni en época de lluvias, esto garantiza que el tráfico vehicular de los que llegan o salen a la enorme ciudad (Miami, en extensión tiene más área que el D.F.) se haga sin contratiempos; es por obras públicas como esa que nadie en Estados Unidos habla de impuestos altos o injustos. 

El crédito bancario a bajo nivel se hace con tasas bajísimas, la mitad o menos que en México, por ello, las personas sencillas o trabajadores tienen acceso a comprar autos nuevos que no contaminan o pasan sin problemas las verificaciones ambientales. Los habitantes de Munich, en Alemania, bien pueden prescindir de un auto; el transporte público, no controlado por caciques o delincuentes, es muy eficiente y alcanza todos los rincones de la ciudad, es por ello que el que quiera tener un auto en Alemania, pues que lo pague y caro. A todo lo anterior habría que sumar que el ingreso per cápita de esos dos países deja al nuestro en un nivel de risa.

Las nuevas leyes ambientales del Gobierno del Distrito Federal y las reformas laborales y hacendarias, colocan al gobierno y sus exigencias al nivel de Estados Unidos y Alemania, con la diferencia que los habitantes de nuestro país ni cuentan con recursos o créditos bancarios suficientes para enfrentar la compra de un auto nuevo y sustituir la carcacha con que van al trabajo y las empresas no pueden manejar sus recursos y cuentas como en esos países. 

El transporte público no permite la posibilidad de no vivir sin auto y se usa como algo indispensable por los que no pueden comprar un vehículo. 

En Madrid es usual ver a una pareja llena de diamantes y en esmoquin ir a la ópera en metro. Es limpio, seguro y más rápido que el auto. Estamos viviendo una triste paradoja donde el gobierno nos pone obligaciones de primer mundo cuando vivimos en el segundo. 

Por otro lado nuestro gobierno no tiene el nivel de austeridad y mucho menos de eficiencia como los gobiernos de los países que tanto exigen de sus ciudadanos. Crean regulaciones para lucir modernos en lugar de regulaciones para modernizarnos, el teatro se ve de maravilla pero es pura utilería. No vivo en el Distrito Federal, pero si así fuera, yo sería el primero en la barricada de las protestas por el nuevo “hoy no circula”.

PS: Ha quedado demostrado en este Mundial el hecho de que las leyes del arbitraje están obsoletas. Confiamos en computadoras y sensores la vida de 350 personas cruzando océanos a miles de pies de altura y a 950 kilómetros por hora y no hacemos lo mismo con un juego que levanta asperezas; no tiene sentido.

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