21 de Septiembre de 2018

Opinión

Libera la culpa

Las relaciones humanas siempre están en proceso de cambio; es natural que así sea. Algunos matrimonios y amistades “muy estables” se terminan o se transforman.

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Ahora dejo de culparme y de culpar a otros y elijo la serenidad y la libertad- Anónimo                                      

Cuando todo va bien en nuestras relaciones familiares, sociales y laborales nos sentimos a gusto y nuestra autoestima aumenta. Sin embargo, cuando tenemos desacuerdos y conflictos en una o más de estas relaciones nos sentimos mal e intranquilos. Esto sucede porque en cada aspecto de la vida contamos con otras personas. 

Las relaciones, sobre todo las más cercanas, nos proporcionan alegrías y bienestar y, a veces, gran dolor. Todo en la vida implica relaciones, primero con uno mismo y después con los padres, hermanos, pareja, hijos, amigos, etc. Hay que recordar que tenemos muchas cosas buenas que ofrecer en las relaciones interpersonales: compañía agradable, comprensión, afecto, confianza, amistad sincera y respetuosa, escucha y a veces ayuda desinteresada para salir de alguna situación desesperada. Hay muchas maneras de decir y hacer para sentirnos y hacer sentir a otros nuestra presencia amorosa y buena voluntad. 

Las relaciones humanas siempre están en proceso de cambio; es natural que así sea. Algunos matrimonios y amistades “muy estables” se terminan o se transforman. Lo importante es notar cuando se presenta una crísis y con honestidad ver lo que la está provocando para manejarla inteligentemente y aunque se hacen presentes las emociones y los sentimientos, podemos reflexionar y aceptar la parte que nos corresponde en esa situación para corregirla. No basta pedir perdón sino, en lo posible, enmendar el error. 

La idea de culpar al otro, a veces por la propia falta, es tentadora. No  vale. No se logra nada y causa malestar y dolor. Se necesita valor para dejar de culpar a quien con sus acciones nos ha herido. La verdad es que el hecho de culpar nos provoca resentimiento y rencor que tanto daño hace y nos mantiene atados a aquella situación.  

Cuando menos, se puede empezar por la buena voluntad de dejar de culpar. Se recuperan el equilibrio, la serenidad, energía y atención para centrarse plenamente en uno mismo y en la propia vida. Libres de ataduras, volveremos a tener paz en la mente y alegría en el corazón.  

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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