20 de Septiembre de 2018

Opinión

¿Libertad o seguridad?

Todos nos quejamos de los retenes, pero a nadie le gusta saber que hay secuestros ni capos de la droga entre nosotros.

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Hemos tenido algunos casos sorprendentes de delincuentes que cometen actos criminales y causan asombro entre la población tranquila y poco acostumbrada de Yucatán. El más reciente es el de la señora que secuestraron saliendo de un casino. En la mayoría de los casos, la policía ha actuado rápido y ha capturado a los delincuentes, poniendo a salvo a las víctimas. 

El actuar de la policía siempre ha estado en entredicho. Por un lado, ante casos como éste, todos aplaudimos y le reconocemos por el rápido actuar, aunque haya quien diga que sucedió así por ser la víctima familiar de un ex regidor. El caso es que actuaron rápido y no hubo muertes que lamentar. Por otro lado, están acciones como los retenes o las detenciones arbitrarias para revisar a alguien sólo porque lo ven feíto, extraño o les da mala espina. 

Como muchos de ustedes, en mi colonia existe un grupo de FB en el que estamos vecinos, extraños y cualquier persona que quiera. La gente publica a cada rato que vieron a 'un señor de camiseta roja y pantalón de mezclilla que anda caminando por la calle tal muy sospechoso'. Y así, la policía detiene sin ninguna razón a esas personas 'sospechosas', para ver en qué andan. Y no tendría nada de malo si le hicieran unas preguntas y ya. El asunto es que los detienen, los basculean, les revisan sus pertenencias y casi casi los fichan, cuando son personas inocentes que quizá iban a hacer un trabajo ahí cerca.

En los retenes es lo mismo. Le cuento mi experiencia: una vez venía de regreso de Valladolid con el equipo de producción y nos detuvieron en el retén entrando a Mérida. Sin mayor explicación, nos bajaron del coche, nos tuvieron frente al auto parados con los brazos extendidos y los pies separados mientras nos revisaban, voltearon mi bolsa y por supuesto revisaron el vehículo. Todo eso mientras pasaban los demás viajantes, mirándonos y juzgándonos porque seguramente, con ese trato, seríamos unos delincuentes peligrosos. Al final no encontraron nada y nos fuimos, sin una disculpa y sin una explicación. Ese es el pan de todos los días, puede ser anticonstitucional, puede ser ilegal, puede ser lo que usted quiera, pero mientras los sigan instalando no hay de otra más que detenerse y aguantarse la humillación.

Y entonces entra la disyuntiva: todos nos quejamos de los retenes, pero a nadie le gusta saber que hay secuestros ni capos de la droga entre nosotros. Entonces, ¿queremos que sigan los retenes o no? ¿Estamos dispuestos a que nos detengan en un retén, como a un criminal, a cambio de que se actúe rápido en casos de crímenes reales? 

¿Qué tan eficientes son los retenes? ¿De verdad no hay otras opciones, menos invasivas y más respetuosas de los derechos de las personas, para prevenir el crimen? Es un tema para reflexionar, ahí lo dejo en la mesa.

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