12 de Diciembre de 2018

Opinión

Llegas tarde

-Llegas tarde, tan tarde que me he enamorado del silencio -le respondió con una última sonrisa que no llegó a sus ojos.

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-¿Qué haces niña? -preguntó el hombre desde el otro lado de la habitación, concentrando la mirada en la esquina más lejana, cubierta por la penumbra de la noche. Los tenues rayos de luna acentuaron el silencio que se produjo por un par de segundos, hasta que una débil voz rompió la armonía de la noche, en un susurro casi inaudible, tan doloroso, tan apacible: –Buscándote -dijo la voz, con un último aliento de vida.

Sus ojos se acostumbraron a la noche y le encontraron al fin, delineando su silueta entre las sombras, acurrucada entre una pila de libros, moribunda, con los ojos apagados y los labios, casi podía jurar, agotados de palabras.

-Aquí estoy -dijo el hombre, utilizando palabras ajenas, en un último intento por reconfortarla. Sostuvo la respiración como si así pudiera evitar que desapareciera frente a él, y sin atreverse a acercarse aún, se puso de cuclillas, dándole rostro a la oscuridad, encontrándose con una miraba inexpresiva que era arrebatada a una muerte segura en medio de dramaturgos y poetas.

 -Llegas tarde, tan tarde que me he enamorado del silencio -le respondió con una última sonrisa que no llegó a sus ojos, al tiempo que extendía su mano sacándola de entre las sombras, abandonando su corazón sobre las páginas de uno de los cuentos  de los hermanos Grimm y dejándose llevar, por fin.

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