12 de Diciembre de 2017

Opinión

Lo barato sale caro

El PAN retuvo Mérida y ganó municipios importantes como Umán, aunque perdió el Cuarto Distrito federal.

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A estas alturas ya todos conocemos los resultados de la elección. Lo que salió maravillosamente bien fue la buena civilidad de la ciudadanía que salió a votar, sin importar la ley seca ni el partido de la Selección. 

El PRD, al parecer, perdió una posición en el Congreso del Estado y su lugar en el Cabildo de Mérida, aunque ganó una que otra alcaldía. Si bien en Yucatán nunca ha tenido gran influencia, en estas elecciones quedó demostrado que no convence a la gente, a pesar de que tenía a dos o tres candidatos salvables. 

El PAN retuvo Mérida y ganó municipios importantes como Umán, aunque perdió el Cuarto Distrito federal. Y aunque con la suma de sus triunfos ahora esté gobernando al 50 % de la población que vive en Yucatán, a nivel nacional cayó estrepitosamente.

El caso de Morelia es de analizarse: Alfonso Martínez, panista de toda la vida, quería y era la mejor opción para contender por la Presidencia Municipal. Antes de iniciar la campaña, se denunciaron malos manejos en el Comité Estatal y él decidió renunciar. Se lanzó como candidato independiente y ganó sin problemas. El PAN en Michoacán pasó a ser la tercera fuerza política y él ya pasó a la historia por ser el primer alcalde independiente. 

Pero desde mi punto de vista, el gran perdedor fue el PRI. Aunque obtuvo la mayoría en el Congreso, recuperó dos distritos locales (II y III) y uno federal (IV) y recuperó Oxkutzcab y Tinum; también perdió Mérida, otra vez, además de Umán, Valladolid, Hunucmá y el gran bastión priista y orgullo del partido: Progreso.

¿Era algo que se veía venir? ¡Claro! Se ha dicho hasta el cansancio, nada más que nadie esperaba que fuera todo junto y en esta elección. Y no fue por culpa de la gente, sino por las malas decisiones.

La mala decisión de poner candidatos que no eran aceptados por la ciudadanía, de poner como coordinadores a operadores en lugar de estrategas, de manejar una campaña de enfrentamiento, de un partido que no ha estado haciendo trabajo político y de usar las mismas técnicas de las que la gente ya está cansada.

Por supuesto que es un triunfo el mantener la mayoría en el Congreso, pero eso no borra el hecho de que el partido quedó debilitado para la elección de 2018, la cual ya empezó desde el lunes, por si no se habían dado cuenta.

Y es que la cosa está clarísima para dentro de tres años: el PAN, hasta ahora, sólo tiene que mantener sus municipios funcionando; el PRI, en cambio, tiene que hacer una reestructuración completa y empezar a formar a sus candidatos, dejar la soberbia de lado y darse cuenta de que si sigue por el mismo camino, puede perder la gubernatura.

Un indicador para saber si el PRI entendió o se quedará igual será ver a dónde se van los candidatos perdedores, si se les premia o se les castiga. ¿A dónde cree que los deben mandar?

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