18 de Octubre de 2018

Opinión

Lo que aquí se hace no se paga

Ninguna de las grandes religiones afirma que recibiremos las consecuencias de nuestros actos en esta vida.

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Pocos habrán escuchado de Francois Duvalier, presidente y dictador de Haití, conocido por la brutalidad de la represión ejercida contra sus enemigos políticos, responsable de la muerte de más de 30,000 haitianos; murió en paz y rodeado de su familia en 1971, fue su voluntad que su hijo Jean-Claude Duvalier asumiera la presidencia vitalicia de su país con tan sólo 19 años. 

Muchos más conocerán un poco la historia de Augusto Pinochet; bajo su dictadura en Chile se registraron más de 40,000 víctimas de tortura, fusilamiento y desaparición; Pinochet también murió a los 91 años en santa paz y rodeado de su familia, sin haber recibido jamás el castigo de sus actos.

El caso de José Stalin es mucho más trágico: durante su gobierno en la Unión Soviética se llegó a fusilar hasta a 1,000 personas al día.  Responsable de la muerte de más de 5 millones de compatriotas, Stalin vive tranquilamente toda su vida, muere en medio de un ambiente de endiosamiento de su persona y sólo años después comenzaría a reconocerse lo sanguinario y brutal que fue su gobierno. 

Caso extremo es el de Galileo Galilei, quien, por afirmar que la tierra gira alrededor del Sol, es perseguido, encarcelado, considerado hereje y excomulgado; en los últimos años de su vida pierde la vista, muere en el total descrédito y casi abandonado; mucho tiempo pasaría hasta reconocer su enorme legado.

Franz Schubert muere a los 31 años: un genio de la música que siempre estuvo bajo la sombra de Beethoven; a pesar de su trabajo excelso nunca pudo mantenerse él solo, su música nunca fue apreciada y se le comenzó a reconocer hasta después de muerto. Caso similar fue el de Vincent van Gogh,  enorme maestro de la pintura, quien nunca recibió en vida el reconocimiento que ahora se le da; una vida plagada de desgracias y enfermedad no fue obstáculo para que dejara uno de los legados pictóricos más importantes.

Podemos encontrar millones de casos de hombres y mujeres menos célebres que han tenido comportamientos brutales; hombres violentos que sumen durante toda la vida a su esposa e hijos en una espiral de dolor indescriptible; mujeres insidiosas, dominantes, celosas y destructivas que envenenan la existencia de sus hijos destruyendo su personalidad y que finalmente mueren en abundancia y tranquilidad; hermanos que traicionan a hermanos para recibir beneficios económicos que luego les aseguran una vida de comodidades y lujos hasta el final de sus días.

Encuentro en este mundo de hoy la idea empecinada de que lo que aquí se hace aquí se paga, que esta vida es nuestro cielo y nuestro infierno, que todo lo que hagas la vida te lo regresará; ideas de lo más inocentes en las que sólo se refleja la desesperación de creer que la vida y el mundo son justos y darán a cada quien lo que merece, cuando con un pequeño esfuerzo de observación podemos ver que eso no es cierto, que existen personas brutales que llevarán una vida tranquila y regalada hasta el final de sus días y muchas otras cuyos esfuerzos, dedicación y amor jamás serán recompensados y morirán solos, olvidados y en la estrechez económica.

Ninguna de las grandes religiones afirma que recibiremos las consecuencias de nuestros actos en esta vida: para el islam, el cristianismo y el judaísmo existe una vida posterior en donde te será retribuido todo el bien o todo el mal que hayas hecho en esta vida; para el hinduismo el karma asegura que en tu próxima reencarnación experimentarás las consecuencias tanto positivas como negativas de tus actos en esta vida. Ninguna te promete el cielo o el infierno en tu vida actual, ninguna te promete un premio o castigo en estos días de tu vida.

Es importante que evitemos intentar hacer transacciones con la vida, la vida no es un negocio en el que me porto bien para recibir algo bueno a cambio, la vida no es comercializar y vender mi buena conducta para poder recibir beneficios. Quien hace esto reduce la vida a un trueque donde entrego algo bueno para recibir algo bueno a cambio; quien cree en Dios y así se comporta le vende a Dios su buena conducta a cambio de un cielo; denigra al amor, al bien y a la bondad.

¿Por qué ser bueno entonces? Simplemente por amor, no por la recompensa esperada; la vida no te regresará el bien que hagas, ni todo el mal que generes, pero el verdadero hombre y la verdadera mujer, los seres humanos íntegros, elegirán siempre el bien y el amor por sobre todas las cosas  sin esperar recompensas y lo harán sólo por amor al amor mismo.

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