12 de Diciembre de 2018

Opinión

Lo que mal empieza, mal acaba

La resolución del Tribunal Electoral de Quintana Roo (Teqroo) ha disuelto la intención de coalición de los circunstantes partidos PAN-PRD...

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La resolución del Tribunal Electoral de Quintana Roo (Teqroo) ha disuelto la intención de coalición de los circunstantes partidos PAN-PRD, y es que también fue de sumo descontento de entre los militantes de ambos lados por el harto efecto influible de descontento, al dejar a un lado la pertenencia ideológica y la lealtad partidista de sus propios correligionarios.

Del dócil rebaño de sumisos y obedientes lanzados con ímpetu irresistible por el sugestionador armadijo opositor –que con la alianza de marras les iba a ir muy bien–, aun desfogándose todos los instintos de destrucción intestina con el influjo del agarrado de manos caracterizado antinatura, cuyo contagio se disparó –de dispar–, seguido de propiciar una batahola de conflictos internos.

Y los partidos políticos involucrados en el urdido auriazul arrastran ahora pesadas cadenas porque el tiempo se les viene encima, se presentan débiles en el proceso electoral y, en consecuencia, llamarán a filas a los renegados para honrarlos con alguna posición en los principales frentes de la batalla electoral en ciernes. Los tildes del PRD y PAN se dispondrán a reparar el mal de lo que se les diluyó de las manos entrelazadas –izquierda y derecha–, para salir a escena con un elenco propio porque la fatalidad que les agobia fue intención consciente y, quien se fija una meta como esa, escoge los medios causales afines a efectos concomitantes –asociados acompañantes– aunque los dirijan hacia su fin.

La constelación impuesta en los cuadros a competir de característica bicolor para planear un armado afín triunfador, a sabiendas de causal de riesgos y daños, fue ratificada desde las cúpulas nacionales, al no detenerse en lo local, sino propulsar tales medios afines, por lo que no admitían contradicción o discusión, prueba contundente del poder de quien pone y dispone, todo lo descompone. 

Así concluye la alianza PAN-PRD, de ese jaez, azas –como en otras entidades–, que conimpugnaciones bajaron las intentonas con síntomas de coaliciones que comenzaron grandilocuentes y terminaron por cambiar el casting inicial de entre extraños, propios y ajenos, para ahora resurgir con un reparto propio, auténtico.

Ante el contundente descalabro político cualquier partido legítimo, democrático y, sobre todo, inteligente, daría un paso al lado, permitiendo sin mayor trámite un recuento cabal de los daños, para buscar el necesario respiro de un cauce auténtico y propio para así consolidar la identidad de su bandería y dejar una buena herencia a los que pareció, que en su paso, hubieron dejado huérfanos. 

Sobreviven también a una fase histriónica: “donde sólo mis chicharrones truenan”, cuando la coalición emblemática de la oposición fue guindada de soles que la secundaban con centellantes rayos azules, Ahora acallan a los renegados su pánico y vuelven con la realidad de sus anhelos, olvidándose de los desvelos por los devaneos entrelazados en alianza con un concomitante –acompañante– distinto. 

Los vicios evidentes que anulan la coalición en mención, son los mismos que han debido anularse en los tribunales electorales interiores y exteriores de otros Estados, cuando una montaña de pruebas –anunciadas por el Tribunal Electoral de Quintana Roo– ha demostrado ilegalidad en el actuar de los partidos circunstantes –invalidando dicha coalición–, por lo que ahora la dicha ya no es mucha. 

Llamar a fin de cuentas a las cosas por su nombre y desmantelar la intentona con la que se prestaron a jugar un juego que comprometió su ideología, su credibilidad y el respeto que necesitaba para ganar adeptos que simbolizaran la lucha entre la verdad y la mentira, viciadas de antemano, deseosos de que nada ni nadie se interpusiera en el camino.

Por lo finalmente deberán asumir su responsabilidad e idear una estrategia que no sea seguir apelando a una realidad inexistente. No hay de otra.

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