13 de Diciembre de 2017

Opinión

Los falsos conocedores

Las corrientes alternas y/o subterráneas, ya sea hip hop, rock o techno, además de sus derivados e híbridos.

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Durante muchos años diversos grupos de personas, desde jóvenes hasta adultos, han luchado por buscar y que les brinden espacio para la expresión de su arte, en este caso la música, y me refiero a las corrientes alternas y/o subterráneas, ya sea hip hop, rock o techno, además de sus derivados e híbridos.

Desde décadas atrás permanecen en constante lucha por ser aceptados, reconocidos y, además, que sean incluidos en un mundo cultural, en el que gracias a algunos conservadores notablemente cerrados y encerrados en su pequeño mundo, donde creen que sólo la trova, el canto nuevo y los sonidos afroantillanos son las corrientes “rebeldes”, se logró avanzar.

Pero ahora el problema no son los espacios, lo es el propio público, mal encaminado por productos basura, por “easy music”, y hasta la ignorancia musical. A estas alturas, los escenarios y las salas ya cuentan con el tiempo para los exponentes alternos y toda la subcultura que le acompaña, ¿pero qué pasa? Tanto que buscaban los espacios que ahora que los tienen, muchos de los exponentes no asisten a ver a sus compañeros para apoyarlos, la mayoría de los que se dicen seguidores de ciertos géneros hacen la pregunta más desagradable cuando se les invita a eventos… ¿A quién traen? Refiriéndose a quién es la atracción nacional o internacional para ver si vale la pena asistir… cuando el talento local de cualquier lugar tiene tanto que dar… secundado por la pregunta que sella magistralmente lo cómodo que puede ser para alguien decirse “gran seguidor y conocedor”, ¿dan cortesías?

Ser defensor, fan, seguidor, conocedor, no sólo está en escuchar la música de tu corriente musical underground, también se debe asistir y pagar la entrada para poder reforzar y acrecentar la escena de cada subcultura, alguna vez lo comenté; si creen que los exponentes se harán ricos con el cover que pagaste, a este nivel te equivocas, las cuerdas de guitarra cuestan, los parches de batería, cables, micrófonos, equipos de amplificación, iluminación, tornamesas, audífonos, discos, la misma música cuesta… y eso normalmente sale de los bolsillos de los propios exponentes.

Y de repente algunos falsos amantes de estas subculturas llegan a la taquilla donde un boleto cuesta cuarenta pesos y sin la menor vergüenza te dicen, “somos 4 y sólo traemos 20 pesos”

Asistamos, apoyemos, reforcemos, divulguemos… ¿Querían y pedían los espacios? Ahora que se tienen… ¿Dónde están? Ah! Ya los vi… están en un concierto de un “internacional” donde la entrada fue de mil quinientos pesos…
Groove on!

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