Los poderes facticos

"Plata o plomo", es la alternativa para muchos ediles.

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"Plata o plomo", es la alternativa para muchos ediles. "O tomas el dinero o te liquidan", es la traducción de una vieja sentencia que condena a México desde los tiempos de Porfirio Díaz.

Esa es la realidad de numerosos municipios donde el narco tiene un enorme poder y sus tentáculos alcanzan los órganos principales de los pequeños municipios. 

El narco es un poder factico y que es un Poder fáctico es el que se ejerce al margen de los cauces formales es decir, que no coincide necesariamente con el aparato del Estado y se sirve de su autoridad informal o su capacidad de presión para influir políticamente. El poder fáctico ni está legitimado ni siempre busca la legitimación para ejercerse, pero ejerce de facto de hecho el poder aunque no lo haga de legalmente ya que su mera existencia le hace ser determinante.

La mayor parte de las veces no es necesario que se imponga por la fuerza: le basta con explicitar, o incluso con sugerir sus deseos para que se conviertan en realidad. La clave de su ejercicio es su capacidad de control de mecanismos externos a la política para lograr poder político.

También se le llama poder fáctico a la capacidad de ciertos grupos para influir en las decisiones políticas de una sociedad o país sin tener un poder político, con el objetivo de conseguir beneficios individuales sin importarles el resto de la población. Dentro de estos grupos con poderes fácticos se encuentran también los caciques locales, el ejército, clero, los latifundistas y los empresarios nacionales y extranjeros, en el ámbito de la ilegalidad, el crimen organizado y el eminentemente el narcotráfico.

“La creciente influencia de poderes fácticos, frecuentemente, reta la vida institucional del país y se constituye en un obstáculo para el cumplimiento de las funciones del Estado mexicano. En ocasiones, esos poderes obstruyen, en la práctica, el desarrollo nacional, como consecuencia de la concentración de riqueza y poder que está en el núcleo de nuestra desigualdad”

Esta aproximación a las implicaciones políticas de la guerra contra el narcotráfico sugiere una historia más compleja que la de una simple disputa del estado contra violentas organizaciones criminales con alta capacidad de corrupción. Es en realidad la historia, por un lado, de cómo sectores subordinados en la sociedad aprovechan la disponibilidad de coerción y capital para organizar un proceso de acumulación de poder y riqueza.

Es también la historia de cómo el estado es forzado a compartir, y en ocasiones delegar, el ejercicio de la coerción para satisfacer demandas sociales. Y recurrentemente es la historia de los desencuentros entre el estado y las organizaciones criminales por imponer sus instituciones a lo largo de la geografía nacional, con las consiguientes explosiones de violencia que desbordan los actores directamente comprometidos en el enfrentamiento e involucran a poblaciones que en apariencia nada tienen que ver con la guerra contra las drogas

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