15 de Noviembre de 2018

Opinión

Marta de la Lama

Su muerte ha dejado en muchos la tristeza profunda de la pérdida así como una oportunidad para la reflexión y la memoria.

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Perteneciente a la generación del exilio  republicano español de los ya nacidos en México; pionera de la televisión cultural; defensora de las minorías y propulsora de una sexualidad libre, sin esclavitudes disfrazadas; compañera en momentos como el terremoto del 85 en la Ciudad de México; amiga e inclusive vecina, Marta de la Lama falleció este sábado 18 de mayo y su muerte ha dejado en muchos la tristeza profunda de la pérdida así como una oportunidad para la reflexión y la memoria.

Lo de ser vecinos en una colonia como la Condesa del D.F. no es cosa menor. La que fuera una hacienda colonial al pie del cerro del Chapulín, frontera del parque de Chapultepec, conserva tono de vecindario de primera mitad del siglo 20. Además, Marta ganó como legisladora por ese distrito electoral.

De la amistad baste decir que se comprobó en múltiples ocasiones. Una de ellas en el terremoto del 85 en la Ciudad de México. Las comunicaciones con el resto del mundo se cortaron y yo debía de hacer un viaje de trabajo a España. Marta me llamó a su programa nocturno en el Canal 11 (el que conducía Luis Carbajo) e invitó a quien quisiera enviar recados a familiares que me los hicieran llegar. Yo salí del programa, en la madrugada, con un saco de papelitos que entregué en Barcelona a la Cruz Roja.

Compañera también en la lucha por la liberación sexual, luchadora contra la homofobia y por la apertura del tema de la sexualidad sin tabúes, acompañó y dio su respaldo a muchos en momentos realmente difíciles.

Ella narró en una entrevista con Roberto Rueda Monreal, para la revista digital Replicante (revista, por cierto, indispensable) mucho de lo que hizo para abrir espacios en estos temas.

Y esos espacios los abrió precisamente en la televisión, demostrando que el medio (a pesar de las empresas) no es malo per se, sino que ofrece muchísimas posibilidades a la inteligencia, la buena fe y la audacia.

He dejado al final el tema de un exilio que nos hermanaba y con el cual abrí estas notas. Tras haber enterrado a tantos que allá lucharon, empezar a enterrar a los que aquí nacimos duele especialmente.

Pero queda la alegría del testimonio y Marta de la Lama lo dio magnífico y con creces.

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