24 de Septiembre de 2018

Opinión

Más encima del cielo

El teatro regional ha pasado por etapas de descalificación y se ha rechazado por paisajista, considerándolo de bajo nivel intelectual...

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Leo con enorme gusto que este año la medalla Xavier Villaurrutia será entregada al maestro Sergio Galindo, en la XXXVII Muestra Nacional de Teatro. Nacido en Hermosillo, Sonora, Sergio Galindo es ejemplo de singularidad y poesía a través de su teatro, un teatro que pone en primer plano a personajes que habitan el norte del país: vaqueros que se limpian el polvo del desierto con agua salida del alma, que se protegen la frente del sol con sus sombreros, pero que ponen el corazón al descubierto desde el escenario. Me parece un acierto brindar tal reconocimiento a un creador que se ha definido por llevar a escena la poesía de su terruño. 

El teatro regional ha pasado por etapas de descalificación y se ha rechazado por paisajista, considerándolo de bajo nivel intelectual. Por eso me parece importante que un hombre que se ha definido precisamente por hablar de su región sea reconocido por su gremio.  Nos ayuda a creer que las voces que salen de todas las regiones del país son importantes, nos hace pensar  que aquellos que dicen que el teatro está centralizado a veces se equivocan, pues hay excepciones como Sergio Galindo que demuestran que el buen teatro también se hace en los estados. 

Galindo es insobornable, un hombre que ha desarrollado su propio estilo teatral y nunca se ha dejado deslumbrar por espejitos. No los necesita; su teatro está por encima de ello. Sergio Galindo lleva su pueblo consigo; es un hombre generoso y amable.  Lo recuerdo llegando a Mérida para presentar su monólogo “El último vaquero”. Traía una silla de madera al hombro y se hospedaba en casa de su inseparable amigo José Ramón Enríquez. Su actuación fue impecable, un anciano que espera en un teatro abandonado, en esa espera viaja  a sus tiempos mozos, al vaquero fuerte e indetenible. 

Recuerdo que un amigo me dijo sorprendido: ¿Cómo hace para verse tan viejo y joven a la vez?”. También vi “Más encima del cielo”, una hermosa pieza de dos ancianos que se rehúsan a dejar su casa aun cuando ello implique su muerte. Ambas me conmovieron y me hicieron seguir muy de cerca el trabajo del maestro. Por eso me uno a la celebración con harto regocijo. Maestro, dicen que nuestras obras nos representan, yo creo que la distinción de la medalla Villaurrutia sirve también para recordarle que su trabajo es alto, muy alto: como el cielo que su obra promete y nos hace volar como el viento a la arena del desierto.

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