26 de Septiembre de 2018

Opinión

Más que nada

Los días pasan y las circunstancias mundiales acechan, se meten lentamente por los ojos y oídos hasta llegar a implantarse como inseguridades...

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En ocasiones estamos demasiado cerca o demasiado lejos de encontrarnos ante un descubrimiento. No importa realmente qué sea lo que se presenta de golpe ante nosotros, hemos aprendido a conservar la capacidad de asombro. Los días pasan y las circunstancias mundiales acechan, se meten lentamente por los ojos y oídos hasta llegar a implantarse como inseguridades. Tampoco nos libramos de todas aquellas cosas que suceden en la cercanía; los días se sienten diferentes, las miradas ajenas y los ánimos se adormilan para posteriormente despertar de manera violenta.

Pierre Anthon lo supo un día y decidió dejar el colegio. Se puso de pie e interrumpió la clase para dirigirse a sus compañeros y decirles: “Nada importa, hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo”. Era un niño apenas. La incomodidad resultó generalizada y causó inestabilidad entre sus compañeros, pues resolvió subirse a un árbol de ciruelas para declamarle a quien pasara bajo de él por qué nada importaba y por qué nada debía hacerse.

Como toda guerra interna, sus compañeros tomaron las palabras como un reto; le demostrarían a Pierre Anthon que hay cosas que, si bien no importan, sí dan sentido a lo que somos. El proyecto fue una pila de significado. Reunirían una serie de objetos que hablaran por ellos, que expresaran momentos importantes de sus vidas y que al entregarlos sirvieran como una base de vida: una fotografía, una prenda favorita, la pelota predilecta, un animal, un ataúd donde yacía el hermanito de alguien… las cosas se tornaron obscuras y las consecuencias inciertas.

Nada, de Janne Teller, es una novela que traspasa los límites de la sensibilidad y es también una puerta a la obscuridad que llevamos por dentro. Nuestros descubrimientos no siempre son los mejores, así como tampoco lo son todos aquellos pensamientos que danzan en la mente como golpes cotidianos de realidad. ¿Qué es importante? La lectura resulta un dolor que no solicitamos pero que agradecemos; ha causado una reacción en nosotros, una urgencia para no quedarnos estáticos, para vivir; significarnos.

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