16 de Enero de 2018

Opinión

¡Masacriña!

La escuadra estaba formada por jugadores jóvenes, pero sin el peso suficiente para ser protagonistas y llevarse el Mundial de calle. Alemania.

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La verdad, casi nadie puede creer lo sucedido. Sólo porque es una realidad tangible, palpable, millones de personas están al borde del colapso total.

¡Qué le sucedió a la escuadra brasileña! No decimos Brasil porque, de entrada, el gigante de Sudamérica padece cientos de problemas, uno de ellos es su burda presidenta Dilma Rousseff, quien le apostó a miles de millones de dólares su carrera política.

Si Brasil ganaba el Mundial, no duden, estimados lectores, que la política tuviera la reelección en sus manos, pero con la paliza de 7 goles a 1 que le propinaron los alemanes, sin despeinarse, la damita puede ir empacando sus maletas porque, para comenzar, será derrotada electoralmente y no le quedará más remedio que irse a otras playas que no serán las de Ipanema. Le recomendamos que se exilie en el bello “puerto terrestre” de Tixkokob.

E insistimos: ¡qué cosinha le sucedió a los futbolistas anfitriones! Fue simple. La escuadra estaba formada por jugadores jóvenes, pero sin el peso suficiente para ser protagonistas y llevarse el Mundial de calle. Alemania venía con jugadores más probados, más experimentados, fríos, calculadores y funcionando como verdadera máquina de guerra.

Los fanáticos y aficionados brasileños y de otras partes del mundo creyeron que, con Neymar a bordo, la selección brasileña llegaría a la final y, por supuesto, la ganaría. No, amigos y amigas, el joven estrella carioca es un excelente jugador a sus 22 años de edad, pero todavía está a años luz de acercarse al juego y al talento de un, por ejemplo,

Lionel Messi, ni qué decir de Diego Armando Maradona y, claro está, de Pelé, su excelso compatriota que, con toda seguridad, debe estar más deprimido por la catástrofe que el Cristo del Corcovado o, muy localmente, que los miles de meridanos que se opusieron al polémico “paso deprimido” de Prolongación Paseo de Montejo hace ya tres años.

Brasil entró a la cancha con temor. Sin Neymar, quien quizá sea un astro en los siguientes años, si es que no le pesa la derrota (al menos psicológicamente), a pesar de que no jugó por su lesión, y sin Tiago Silva, el formidable defensor que no estuvo presente en la “madrinha” por acumulación de tarjetas amarillas.

Los jugadores de Brasil ofrecieron, posiblemente, la peor demostración de juego en toda su historia.

El “Maracanazo” de 1950, cuando Uruguay los derrotó, podría no ser la mítica catástrofe. Ahora, para superar el 7-1 que les impusieron los teutones que, realmente, jugaron una “cascarita”, la próxima camada de futbolistas del país que vio nacer al otrora portentoso Mané Garrincha tendrá que recibir mucha terapia psicológica.

PRIMERA CAIDA.- Con excepción de dos o tres jugadores, sin incluir al técnico Felipao, el resto puede irse a casa de la “gomiña”. Son buenos competidores en sus clubes, pero nada que quite el sueño.

SEGUNDA CAIDA.- Urge a Brasil tener más estrellas de la talla de Zico, Falcao, Ronaldinho o Kaká. Neymar no podrá solito.

TERCERA CAIDA.- La neta, qué vergüenza. Ni México.

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