22 de Septiembre de 2018

Opinión

Matarile rile ron

Una cosa fue oponerse a la construcción de la Glorieta de la paz y otra exigir que se rellene cuando se ha podido apreciar sus ventajas.

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En estos tiempos donde la alternancia representa una verdadera posibilidad en cada elección y prevalece la tendencia entre los ciudadanos a abstenerse de otorgar todo el poder a un solo partido, gobernar para todos es la receta de oro para todo gobierno interesado en la aceptación social.

A nadie gusta una sociedad donde el conflicto y la confrontación se prolongan de manera indefinida, más allá de la contienda electoral, por la incapacidad de los políticos para ponerse de acuerdo, sea por su intransigencia, por indisponibilidad a transparentar su ejercicio de poder, o  por malos cálculos de rentabilidad electoral.    

Pero si resulta dificultoso obtener la aprobación pública cuando se gobierna sólo para su partido, cuando se hace para su ala extremista se convierte en misión imposible. Por eso cuando el Cabildo de Renán Barrera tomó la omisa decisión de dejar sin nombre a la “Glorieta de la Paz” comprobé que carece de un programa propio de gobierno y que todo se le irá en remachar su crítica al gobierno anterior.

Repetir hasta el absurdo el asunto del túnel de distribución vial no deja satisfecho a nadie, y la prueba es la falta de respuesta a la convocatoria de aniversario de los ultras, que hubo que rellenar con los empleados del Ayuntamiento y la nómina del PAN y sus futuristas “miembros distinguidos”, a más de algún izquierdista que perdió la brújula.

Pero los radicales no quedaron satisfechos, pues el obsequioso alcalde tuvo que escuchar el discurso de Marysol Canto Ortiz: “Ahora hay un nuevo alcalde que a imagen y semejanza de su antecesora actúa caprichosamente con el patrimonio de los habitantes de Mérida…” (DY, 5/07/ 2013)  y al “Arquitecto” Mauricio Mier y Terán, cuyo apellido materno omite la publicación, exigir el cumplimiento de su absurda promesa de campaña de rellenar el “paso deprimido”.

Una cosa fue oponerse a su construcción, pretendiendo cancelar ese tipo de soluciones para el futuro, y otra muy diferente exigir que se rellene cuando la sociedad ha podido apreciar ampliamente sus ventajas.

Lo peor es la falta de ingenio, pues el panismo se la pasa repitiendo la misma puesta en escena de antaño, donde hicieron un concurso y acordaron que su nombre sería del “4 de julio”, con tan mal tino pues esa fecha recuerda preferentemente la Independencia de Estados Unidos.

Y la ignorancia, pues confunden el nombre de la glorieta con su inscripción: “Mérida Ciudad de la Paz” en memoria del Año Internacional de la Paz, en que la ONU seleccionó a nuestra ciudad para hermanarse con otras ciudades del planeta, como München, para promover la paz.

Y la hipocresía, pues en lugar de fijar un nombre, convocarán a “consulta popular” para culpar a la sociedad del nombre que ellos elijan.   

Renán Barrera tuvo una regresión que lo llevó a entonar la ronda infantil donde se pregunta: ¿Y qué nombre le pondremos?

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