22 de Octubre de 2018

Opinión

Matrioskas y mamotretos

El gran escritor colombiano León de Greiff, que acostumbraba hacer cosas importantes en el mes de julio (por ejemplo, nació el 22 y murió el 11), llamó a su primera obra “Mamotretos” y a varias de sus publicaciones antológicas.

Compartir en Facebook Matrioskas y mamotretosCompartir en Twiiter Matrioskas y mamotretos

Los diccionarios suelen ser como las matrioskas, muñequitas rusas que se contienen unas a otras. Van anudando significados, como en “mamotreto”, que usamos para referirnos a una obra farragosa y fofa. Curiosamente, la etimología de mamotreto es un mamotreto: del griego mammóthreptos, criado por la abuela, que por amor ceba al crío y lo hace engordar.

La RAE nos da, como matrioskas, voces equivalentes: “armatoste”, objeto grande, y, dentro de armatoste, “armadijo”, armazón de palos, que a su vez contiene “trampa”, una onomatopeya. Y aquí ya no vale la pena seguir. 

El gran escritor colombiano León de Greiff, que acostumbraba hacer cosas importantes en el mes de julio (por ejemplo, nació el 22 y murió el 11), llamó a su primera obra “Mamotretos” y a varias de sus publicaciones antológicas.

Poeta sorprendente y personalísimo, entre hermético y luminoso, culterano y satírico, su nombre completo, Asís León Bogislao De Greiff Haeusler, es un nórdico mamotreto que seguramente lo hizo aficionado a los seudónimos: Gaspar de la Nuit, Leo Le Gris, Erik Fjordson, Skalde, Gaspar von der Nacht, Harald el Oscuro, Guillaume de Lorges, Beremundo el Lelo, y más.

No siguió escuelas ni corrientes, sí una sonoridad reconocida aquí y allá como musical. Renuente, como otros grandes poetas (pienso en Efraín Huerta) al reconocimiento y la publicidad: “Vanidad –para mí- es la toga de asbesto: / pues nunca deja que me quemen las rabias, / ni que de necios me atosigue la acerbia, / ni que el aplauso me torne menos mío.” O como en La balada de los búhos estáticos, del remoto 1915: “Los estáticos búhos huyeron de la extraña lumbre del sol que todo lo falsifica y daña”.

De él refiere Karim Taylhardat: “…alquimista del verbo, agnóstico, malabarista; un habitante de otro planeta. Es música lo que escribe, recursos rítmicos, onomatopeyas, melodía… como un violinista de la palabra…autor de óperas sintéticas”. Como “¿Qué canta el viento? La lluvia lo acompaña al piano / ¿Qué canta? Las mil noches / y una noche de mi cansancio”.

No nos atrevemos a llamar mamotreto a alguna famosa novela rusa en la que el escritor abre gigantesco paréntesis en medio de una cena, para contarnos la historia del mayordomo que sirve el vino, por al menos tres generaciones.

Tampoco, por simple discreción o pena ajena, a obras no tan extensas en tamaño sino en barbaridades, perpetradas por menos famosos. Pero los incomprendientes están autorizados a llamar mamotreto a obras que no entienden. León de Greiff llamó así a las suyas como auto ironía preventiva de la incomprensión. 

Algunos de sus manuscritos, decomisados tras ser detenido por participar en periódicos clandestinos, le fueron devueltos por un militar con estas palabras: “Aquí tiene sus versos, maestro, y no entendí ni un carajo”. Vaya, que sin necesidad de fingir, a veces no ser entendido salva. Ojalá alguna vez seamos perdonados de manera similar por un gorila que en vez de cachiporra nos aporree un simple “no manche usted”.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios