21 de Septiembre de 2018

Opinión

Los mayas y el medio ambiente

Cada sitio maya tiene evidencias de conexión con el paisaje; templos, plazas, patios y otros tipos de construcciones existen en relación con rasgos naturales, como ríos y montañas.

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Una de las fortunas del pueblo maya fue, sin lugar a dudas, su conocimiento y su relación con el medio ambiente; prácticamente ellos sabían interpretar los llamados de la madre naturaleza.

Siendo autores del nacimiento y florecimiento de una de las culturas más importantes de América, los mayas sabían que para poder subsistir su relación con la naturaleza tenía que ser amigable; es decir, sabían que podían acceder a los servicios ambientales, pero debían regular su consumo y explotación.

Claro, los mayas lo hacían para subsistir y no estaban dispuestos a acabar con esos recursos, pues de ser así pondrían en riesgo su propia sobrevivencia.

En la cultura maya, el paisaje fue fundamental, lamentablemente no hay mapas prehispánicos, pero hay otras maneras de estudiar las abstracciones del medio ambiente y la naturaleza.

Un ejemplo claro lo podemos ver en la antigua ciudad de Chichén Itzá, donde la pirámide principal, llamada El Castillo, guarda una relación simétrica y circunstancial con el Cenote Sagrado.  

Cada sitio maya tiene evidencias de conexión con el paisaje; templos, plazas, patios y otros tipos de construcciones existen en relación con rasgos naturales, como ríos y montañas, como el caso del Templo de la Cruz en Palenque, Chiapas, que también tiene una pirámide principal conocida como “La Tumba”, la cual tiene relación directa con “El lago de la Reina”. 

Se hace necesario examinar el concepto mismo de naturaleza, ubicando su carácter cultural e históricamente relativo, su articulación dialógica y sus dimensiones ideológicas, así como sus posibilidades y limitaciones para aplicarlo a diferentes culturas, en particular a los pueblos mayas. Los pueblos mayas contemporáneos son herederos de una milenaria tradición de observación de la naturaleza. Cuentan con una enorme riqueza de conocimientos sobre su mundo y entorno, que se manifiestan de maneras diversas en la vida cotidiana. Las prácticas rituales, los discursos, las narrativas, las formas artísticas y la tradición oral en general nos dan muestra de ello.

Tal vez deberíamos volver a escuchar a nuestros antepasados mayas para entender que el desarrollo no debe estar peleado con la naturaleza, ni reemplazarla.

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