14 de Diciembre de 2018

Opinión

Mayoría electoral, mayoría social

En la mayoría de los estados las principales contiendas tienden al bipartidismo, los gobiernos electos con mayoría absoluta de votos son la excepción.

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Una de las nociones básicas de la democracia es que en ella son las mayorías quienes gobiernan. El concepto es en realidad mucho más complejo, pero esta idea marca uno de los aspectos más relevantes de dicho régimen, especialmente frente a su opuesto, el gobierno de la minoría.

En un régimen de partidos, que es otra condición democrática, acreditar la condición de mayoría social es requisito para constituir un gobierno. La expresión práctica de esto es la realización de elecciones periódicas en donde las distintas fuerzas miden su aceptación social a través del número de votos recibidos. En principio todo es muy sencillo.

No en la práctica. En una sociedad compleja como la nuestra, la obtención de la mayoría de votos no garantiza la existencia de una mayoría social que respalde al vencedor. A nivel nacional, los últimos cinco presidentes han sido electos con más votos que sus adversarios, pero con menos de la mitad del total. De esta manera, desde el momento de tomar posesión, regían a una sociedad que, en su mayoría, no los avalaba como gobernantes.

En los estados, las condiciones son muy variables, pero aunque en la mayoría de ellos las principales contiendas tienden al bipartidismo, los gobiernos electos con mayoría absoluta de votos son la excepción.

Esta condición, pésima para la salud política del país, es sin embargo benéfica para una diversidad de actores políticos, que en última instancia de agrupación forman partidos, o al menos grandes corrientes partidistas, y que en ella encuentran la posibilidad de alcanzar posiciones de poder a partir de minorías sociales. Así, por ejemplo, teniendo en cuenta que en las elecciones cuenta tanto un voto a favor como un voto adversario que no llega a la urna, sigue operando la compra de credenciales de elector a simpatizantes del adversario identificados. El mismo efecto se produce cuando un ciudadano decide no acudir a las urnas, lo cual hace redituable inhibir el voto.

Estas prácticas, que durante décadas fueron exclusivas del PRI, hoy han sido adoptadas por los demás partidos, destacadamente el PAN y el PRD, cada uno según sus capacidades y espacios de poder. 
De esta forma, el sistema electoral permite la consolidación de minorías sociales gobernantes. Sí es un asunto de leyes.

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