19 de Septiembre de 2018

Opinión

¡Me amparo contra la reforma laboral!

Los que se quieren amparar son un titipuchal de mexicanos que no están dispuestos a ser conducidos al primer mundo por la vía fast track.

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Era un grito inconsciente que sale del vientre y que, por su naturaleza, creí que le salía del alma a Gloria Trevi cuando en un acto probablemente atribuible a la policía karma, supo que los secuestradores de su esposo en realidad eran amigos de la familia. O también podría ser un lamento borincano de los héroes que nos dieron patria, luego de saber que sus restos resguardados en la Columna de la Independencia con el Ángel como cancerbero, olían a huesos de otro hogar.

Cualquiera diría que alguna bonita autoridad, con tal de asegurar las celebraciones del Bicentenario, agarró esqueletos de una narcofosa para llenar las urnas de nuestros próceres. El asunto, que parece sacado de uno de los guiones de García Luna Productions, es tan alucinante que es muy probable que ahí pudiera estar escondida la osamenta de Muñoz Rocha.

Pero no. Los que se quieren amparar son un titipuchal de mexicanos que no están dispuestos a ser conducidos al primer mundo por la vía fast track de estas medidas que someten a la prole a las entrañables cadenas de esclavitud tradicional. Todo indica que los que nunca fueron nada, de veras creen que los dueños del mundo hoy serán.

Además, se ve mal que un recurso como el amparo, de uso exclusivo de quienes detentan los medios de producción, de pronto caiga en manos de la masa trabajadora que no está dispuesta a contribuir a la acumulación originaria de los mexicanos en Forbes. O sea, pobres de los ricos, de por sí traidores de la clase como Obama y Hollande buscan la manera de obligarlos a pagar impuestos cual si fueran cualquier esclavo Godínez con recibos de honorarios, para que todavía les arrebaten las herramientas con las que se procuran algo de bienestar para su familia.

Al rato van a querer que Carlos Salinas sea su líder sindical. ¡Todavía hay clases!

Como sea, estos nuevos usufructuarios del amparo deberían de tranquilizarse. No puede ser que crean que de la misma manera en que persisten bajo la nueva administración las inercias de la violencia de la narcoguerra calderónica en forma de matazones por doquier, también habrán de reproducirse las inercias en materia laboral del sexenio pasado y toda la masa trabajadora será pasada al purgatorio de los recortes presupuestales.

Que el ejército laboral de reserva y el proletariado sin cabeza no se preocupen, con las reformas lo peor que les puede pasar es lo que a los perros de Iztapalapa, que nadie los quiera adoptar.

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