21 de Agosto de 2018

Opinión

A lo mejor te encuentro

La pieza es bellamente actuada por Nora Lucía que cala hondo en los espectadores.

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El número de desaparecidos en México cala hondo. Alguien me dijo que es mejor un muerto que un desaparecido. Lo que hace un familiar desaparecido en el seno de la familia es llenarla de dolor, angustia y siempre acaba rompiendo a las personas que la integran. La obra Hacer la tumba, de Daniel Serrano, habla de ello, de una tumba que ha de hacerse para enterrar a la hija, a la esposa, una tumba simbólica dónde llorar y depositar la ausencia.

Hace poco vi la obra A lo mejor te encuentro, escrita y dirigida por Manuel Barragán. Un monólogo que pone en la mesa la vida de una pareja del campo, cosechando jitomates y lechugas, bañándose en el río y ansiando la llegada de un hijo, el deseo más acariciado en 2 años de matrimonio. Pero el pueblo cambia, hay “levantados” y ella teme por su esposo; un hombre fuerte, sin miedo, un hombre que desaparece sin saber que ha dejado su semilla en su joven esposa. Ella sale a buscarlo sin pensar en el pequeño hijo que lleva en el vientre; el deseo de que su esposo sepa la buena noticia hace que la mujer salga a la aventura sin medir los peligros mortales que se agazapan en la sombra.

El bebé nace, ella no se resigna, le pone el nombre de su padre, pensando que, cuando regrese, estará feliz de conocer al niño; no hay día  que no llore, no hay día que no exponga su corazón herido por la ausencia a la pregunta recurrente: ¿dónde está? La familia dice que está muerto, que entierre la esperanza y le ponga un altar; ella no quiere, seguirá buscándolo con los pies rotos y descalzos, seguirá buscándolo porque quiere que su hijo lo conozca, porque no se resigna, porque toda tranquilidad se fue con él. 

La pieza, bellamente actuada por Nora Lucía, cala hondo en los espectadores. No queremos jamás vivir una situación así, aun cuando en nuestro país esto se está volviendo una dolorosa realidad. Queremos que lo encuentre, que los encuentren, que los desaparecidos estén de vuelta, así sea uno o 43. 

Queremos que ella siga buscando, en una de esas a lo mejor lo encuentra y promete abrazarlo muy fuerte. ¿Cuántos niños nacen bajo el demoledor signo de tener un padre desaparecido? ¿Cuántos rostros? ¿Cuántas mujeres… hombres, familia?

Nunca tendremos respuestas que den paz al corazón. Ya no queremos tumbas vacías, ni altares de muertos que  no hayan llorado la muerte sino la incertidumbre de una desaparición. Nuestro corazón se cansa de extrañar, que aparezcan esos rostros en el camino, que aparezcan ya y como la obra dice: podamos abrazarlos muy fuerte.

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