22 de Octubre de 2018

Opinión

Mérida y su modelo de crecimiento

En Mérida es necesario un reordenamiento urbano, un freno al crecimiento exponencial, en el que se impulse la redensificación y reocupación de los espacios

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Para tener una ciudad ordenada es necesario proyectar, no su crecimiento, sino su desarrollo  ordenado y equitativo, conscientes de que cuando hablamos sólo de crecimiento estamos avalando la dispersión, lo que representa un conflicto para la ciudad debido a la costosa demanda de equipamiento, servicios e infraestructura. En cambio, si hablamos de desarrollo, la ciudad invierte sus recursos en potenciar el esparcimiento, la convivencia, el empleo, la vivienda digna, un transporte eficiente, es decir, en la mejora continua de todo y para todos, y no en cubrir las demandas del crecimiento sin control.

Para que esto sea posible, en Mérida es necesario un reordenamiento urbano, un freno al crecimiento exponencial, en el que se  impulse la redensificación y reocupación de los espacios, aprovechando el entorno envolvente para el desarrollo de grandes áreas verdes, verdaderos parques, que permitan revertir el calentamiento paulatino y agresivo de nuestra ciudad. Creo que estamos a tiempo, pero hace falta orden y proyecto, ya que cada día nos enteramos de nuevos desarrollos, cada vez más lejanos y sin conectividad adecuada.

Un modelo de ciudad no puede significar su desordenado esparcimiento, pues siempre hay la oportunidad del mejor uso de los espacios urbanos, edificados o no, para un crecimiento horizontal y, donde sea viable, vertical, todo ello apegado a una organización urbana a largo plazo, ordenada y equitativa, sin marginación.

Apostar por la verticalidad no es la solución final. Mérida, en su modelo de desarrollo, debe proponer aprovechar su enorme superficie actual en un desarrollo urbano ordenado y que la población no se vaya alejando cada vez más del centro.

Mérida, en lugar de crecer de manera continua, progresiva y ordenada, lo hace de forma discontinua, dejando grandes espacios de suelo sin construir. En muchos de los nuevos desarrollos privados la regla es el consumo masivo de suelo con nuevas formas de entender el confort, muy lejanas a la conservación ambiental, pero haciéndole creer a la gente que vive próxima a la naturaleza. Este modelo genera un gran consumo de suelo y a la gente pareciera no importarle tardar más tiempo en llegar a sus destinos.

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