18 de Agosto de 2018

Opinión

Mérida (de verdad) Big Band

En el evento de Puerto de Altura de Progreso ¡Qué orquesta, caballero, qué majestuosa orquesta! Es tan buena que hasta a Kalimba lo hizo oírse bien.

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Mi plan para hoy lunes era que el sombrerudo se ocupara del cese de El Piojo, como seleccionador nacional de futbol. De hecho ya estaba listo el artículo antes de ir al Puerto de Altura de Progreso el viernes 31. Lo visto, pero sobre todo lo oído en la Terminal Remota, es mucho más importante que las piojez del cese. En mi página del Facebook  y en sipse.com les comparto mi opinión sobre el tema futbolero.

Lo primero que debo decir respecto de la magna velada musical en medio del mar es que, igual que Aleks Syntek, hago mil reverencias a la señora de la noche: la Mérida (de verdad) Big Band. ¡Qué orquesta, caballero, qué majestuosa orquesta! Es tan buena que hasta a Kalimba lo hizo oírse bien. Se le puede perdonar el sacrilegio de poner, con la complicidad del maestro Manzanero, en un ritmo que por ratos sonaba a jazz y por ratos a salsa, la icónica Nunca de Guty  Cárdenas y Ricardo López Méndez.

Después también tengo que agradecer –como lo agradecimos con largos aplausos allá en el mar- los arreglos a las canciones del propio Syntek y de Natalia Lafourcade, dos de los grandes triunfadores de la cálida noche bajo la Luna Llena, que derrocharon su talento y calidad y agradecieron a los músicos de la Mérida (de verdad) Big Band lo que con sus piezas más conocidas hicieron. Corazones invencibles y Sexo, pudor y lágrimas, de Aleks, y Nunca es suficiente, de Natalia, sonaron mejor, gracias a la agrupación. Pero la creación que Natalia y la Banda hicieron de Aventurera me emocionó. Dos Gardenias, que cantó Kalimba, tampoco desmereció.

Dicen que hubo desorganización y fallas en algunos aspectos, como transporte y sillas suficientes, pero creo que todo puede perdonarse luego de haber oído a la Mérida (de verdad) Big Band. Me llamó la atención la presencia en la dársena de la Terminal de decenas de yates lujosísimos –algunos de hasta tres pisos- con personal de marinería impecablemente uniformado y solícitos barmans, repletos de chicas bellas y chicos apuestos. ¿No que en Yucatán no hay dinero? Nomás pregunto.

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