18 de Octubre de 2018

Opinión

México y la República Española

Hay mucho en la historia mexicana del siglo 20, tanto diplomática como jurídica, relacionado con la República Española.

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El interés de México por la forma de gobierno que siga en España tras la abdicación del rey no debe ser visto como algo insustancial ni ser relegado a las páginas de sociales en revistas como “Hola”. Hay mucho en la historia mexicana del siglo 20, tanto diplomática como jurídica, relacionado con la República Española.

Vale la pena recordar que México nunca reconoció al régimen de Franco y sí, en cambio, sostuvo relaciones diplomáticas con la Segunda República Española hasta el 18 de marzo de 1978. Hasta entonces existió, en el número 7 de la calle de Londres en la Colonia Roma, una embajada que mantuvo la palabra empeñada por México con la legalidad republicana.

De tal forma que, durante 42 años, de 1936 a 1978, la República Española tuvo territorio, habitantes y gobierno en suelo mexicano.

Desgraciadamente la frivolidad de José López Portillo llevó a México a romper relaciones con la República antes de que ésta desapareciera al ser aceptada libremente la monarquía por el pueblo español mediante un referéndum de ejemplar legalidad.

Según explica el historiador José Antonio Matesanz: “El 18 de marzo de 1977, ante los medios de difusión convocados sorpresivamente, comparecieron el presidente de México y el presidente de la República Española: en menos de tres minutos, don José Maldonado leyó un documento en el cual se anunciaba la cancelación de las relaciones diplomáticas entre los dos gobiernos”. 

No pudo esperar el Referéndum del 6 de diciembre de 1978 y a que entrara en vigor la Constitución el 29 de ese mes y, el 8 de octubre de 1977, López Portillo inició su viaje a España porque le urgía visitar Caparrós, pueblo de sus ancestros. 

Fuera de tan lamentable mancha en la congruencia diplomática mexicana, nuestros gobiernos dieron una lección a un mundo que, tras la guerra civil, se negó a apoyar la República en el exilio y, al propio tiempo, a desbarrancarse todos en la Segunda Guerra Mundial.

“Como los viejos heraldos de la Edad Media, hoy decimos: ¡la República ha muerto, viva la República!”. Un viejo amigo, republicano de cepa, me recordaba que con esas palabras finalizaba el bando con el que la República Española se disolvió tras entrada en vigor de la Constitución de 1978. 

Hoy nos corresponde acompañar los acontecimientos españoles en un tiempo histórico con muy otras necesidades.

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