19 de Septiembre de 2018

Opinión

Michoacán al rescate

La singularidad criminal de Michoacán es que los niveles de complacencia y complicidad social son más elevados que en otras partes

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Como pocos lugares, Michoacán ha padecido la incapacidad del Estado para hacer frente a la delincuencia organizada. La criminalidad de la entidad es diferente; se entrevera una vieja historia de producción y transporte de drogas con lo que ha ido ocurriendo en todo el país en las últimas décadas. Fácil asignar culpa, más útil entender el problema y desde allí construir respuestas que reviertan la violencia y la ausencia de autoridad.

Infortunio para todos que el gobernador que se eligió en las urnas, Fausto Vallejo, no pudiera ejercer el cargo por razones de salud. No fue un deterioro repentino, ya existía y los ciudadanos por él decidieron. Sin embargo, al gobernador temporal, Jesús Reyna, le ha correspondido la difícil tarea de cubrir una ausencia que se ha ido prolongando. 

Una magnífica señal de madurez política que las oposiciones hayan acordado en días pasados una solución que fortalezca a las instituciones establecidas. Después de todo se trata de una gubernatura acotada en el tiempo, ya que en menos de dos años se habrá de elegir a un nuevo Ejecutivo local.

La singularidad criminal de Michoacán es que los niveles de complacencia y complicidad social son más elevados que en otras partes. Esto tiene muchas implicaciones porque el crimen se hace presente, de una o de otra forma, en la vida social, política y económica de la entidad. Michoacán requiere de una medicina a la altura del padecimiento. La solución de seguridad pública debe ser extensa y profunda, pero es, también, insuficiente. Deberá acompañarse de muchas otras acciones que permitan revertir el problema.

De antemano debe señalarse que se requerirá tiempo. Esto no significa que desde ya, como ha ocurrido, las fuerzas políticas y las autoridades locales y federales actúen en una acción conjunta y coordinada para hacer frente a la debilidad institucional. 

Las resistencias allí están presentes y la opinión pública debe estar preparada para las embestidas del crimen contra las instituciones. Debe quedar claro que en Michoacán no es un gobierno ni un partido el que está de por medio, sino todo el país. Ganar esta batalla debe ser objetivo compartido.

El presidente Peña Nieto, ayer, al salir del hospital declaró que la estrategia del gobierno buscará reconstituir el tejido social en la entidad, lo que indica que las autoridades no se quedarán en el despliegue de la fuerza pública, sino quetrabajarán en varios frentes. También se requerirá de la actuación de las autoridades locales y municipales, entrampadas entre la amenaza que impone el poder de los criminales y las dificultades comunes a estados y municipios en todo el país. 

En esto mucho pueden contribuir los partidos políticos y emprender un acuerdo para fortalecer la gobernabilidad en la entidad y dejar de lado la tentación de capitalizar políticamente los problemas que encaran las autoridades.

Un principio a resolver por la vía del acuerdo es acreditar al gobernador Jesús Reyna con toda la autoridad que requiere un mandatario en un estado bajo fuego y amenaza criminal. Aunque los supuestos de la Constitución no le otorgan investidura definitiva, ya que supone la ausencia permanente del gobernador electo después de dos años de encargo, el trato que debe dársele no es el del encargado del despacho sino de gobernador definitivo. 

Por ello es correcto el relevo de funcionarios y que sea él quien designe un equipo de gobierno a manera de descansar en él toda la autoridad, sin regateos o reservas propias de la circunstancia que vivió el estado en meses pasados. Un gobernador fuerte no contraviene la eventualidad de que el mandatario Fausto Vallejo regresara al encargo.

Cualquiera de los tres partidos puede ganar la gubernatura en 2015. Esta consideración es virtud y no problema. Casi todas las opciones de los partidos para la candidatura a gobernador están en las cámaras del Congreso desempeñando responsabilidades importantes. 

Esta circunstancia debe llevar a los partidos a suscribir un acuerdo por la gobernabilidad en la que se destaque el compromiso del gobierno federal y del estatal de hacer todo al alcance para que el relevo democrático de gobierno en 2015 sea el punto de partida que haga justicia a una de las entidades más importantes, ricas y pobladas de México. 

El potencial de Michoacán es de la misma proporción que el del país y corresponde a sus pobladores y a la política nacional sentar las bases para un mejor mañana.

Las elecciones se han vuelto no solo el natural terreno de disputa, sino también origen de profundas diferencias y encono. La manera como se superaron las diferencias de los comicios de 2012 por casi todos (no por el calderonismo y Morena) revela caminos inéditos de entendimiento y compromiso plural. Michoacán plantea una nueva oportunidad al alcance y en interés de todos.

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