Michoacán, corazón de cobre con detalles naturales

Rincones michoacanos son los que en este artículo homoespaciero intentamos describir. Lo complejo es abordar un Estado tan precioso y noble que sufre una serie de acontecimientos violentos...

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Rincones michoacanos son los que en este artículo homoespaciero intentamos describir. Lo complejo es abordar un Estado tan precioso y noble que sufre una serie de acontecimientos violentos, sobre todo, el daño colateral a su turismo, que desde hace tiempo se ha visto afectado. Sin embargo, el brío de sus nativos que luchan al martillar el cobre en Santa Clara, entre los textos de “Pito Pérez” y su deliciosa gastronomía, así como el esfuerzo de agricultores especializados en el aguacate, sí, de Uruapan, y la belleza oriunda de sus parques y atractivas edificaciones coloniales, hacen de estas localidades dos destinos, que con su corazón de cobre y detalles naturales, demuestren que Michoacán vive entre los mexicanos.

Estado envuelto de zonas precolombinas, donde todavía se habla purépecha, otomí y náhuatl, señoríos que conservan su identidad indígena, acuarelas oriundas entre montañas, mensajes milenarios suenan en sus ríos, lagos y lagunas entre bellezas que peinan sus trenzas y con sus ojos provocan un torbellino de emociones. Michoacán, que brindara grandes héroes a la patria, abrió caminos que se volvieron canción y arquitecturas virreinales que reflejan parte de su grandeza.

Tierras purépechas que sangran, súplicas entre capillas coloniales que exponen cuerpos de inocentes y una sola palabra que con dolor el pueblo expresa: ¡Paz!, que cesen los disparos, que los niños tengan a su lado a sus padres y que los padres no entierren a sus hijos, que el llanto michoacano color rojizo termine, que devuelvan la tranquilidad a quienes fabrican el cobre en Santa Clara, las esferas en Nueva Italia y se pueda disfrutar la antigua Valladolid. Dejen que suene el abajeño, la pirekua  y que la Tierra Caliente cante sus sones llenos de alegría, que regrese el verde en Uruapan, que la Casa de los Siete Patios muestre el arte indígena y que los pescadores presuman su matinal espectáculo en el lago de Pátzcuaro.

En lo que respecta a su historia, Mich-hua-can (lugar de los que poseen el pescado) en las épocas precolombinas fue territorio del imperio Purépecha, bajo el mando del Irecha Teriácuri que dividió la zona en tres señoríos: Pasquaro, Coyuacan y Tsintsuntzan. En los tiempos de la conquista, Cristóbal Ollid fue el primer español en invadir estas tierras, y el 18 de mayo de 1541, se funda la villa de la “Nueva Mechuacan” por decreto del Virrey de la Nueva España. Para 1545, el rey de España Felipe II cambió el nombre de la ciudad bautizándola como “Valladolid”. Un personaje importante en aquella época fue Vasco de Quiroga, obispo que se ganó el agrado de los nativos, construyó hospitales y escuelas para los indígenas.

Durante el periodo independentista, los hermanos López Rayón lucharon al este del Estado y José María Morelos y Pavón combatió en la zona de Tierra Caliente. Cabe señalar, que en Michoacán se estableció el Primer Congreso Nacional en Zitácuaro el 21 de agosto de 1811 y el 22 de octubre de 1814 se promulgó en Apatzingán la primera Constitución Mexicana, así como la instalación del Primer Tribunal de Justicia en Ario de Rosales el 7 de marzo de 1815. Años posteriores al triunfo insurgente, en 1825, por iniciativa del Congreso Local, la capital cambió su nombre de Valladolid por el de Morelia, en homenaje al héroe independentista José María Morelos y Pavón.

En cuestiones turísticas, la cultura es una de las especialidades de la entidad ya que cuenta con el Festival Internacional del Cine de Morelia; el Centro Histórico de su capital es Patrimonio Cultural de la Humanidad desde el año 1988. También el estado es casa de la mariposa “Monarca” que le brinda el título de Patrimonio Natural de la Humanidad, así como su internacionalmente famoso Día de Muertos en Pátzcuaro, considerado Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Por si fuera poco, Michoacán cuenta con ocho Pueblos Mágicos, eso sin contar sus construcciones novohispanas, como lo es su Catedral que cuenta con uno de los órganos más grandes de Latinoamérica, así como sus distintos teatros, museos, centros culturales y bibliotecas que resguardan documentos de la época de la imprenta de Johannes Gutenberg.

Los amantes de la naturaleza tal vez prefieran visitar sus virginales costas, asistir al municipio de Hidalgo y disfrutar de las aguas termales del Parque Nacional Los Azufres o acudir a las zonas arqueológicas de Tingambato o Tzintzuntzan.

Definitivamente mis estimados homoespacieros, seleccionar dos rincones michoacanos no fue sencillo, pero esperemos que Santa Clara del Cobre con sus sabores y la viva narrativa de don José Rubén Romero sobre Jesús Pérez Gaona, mejor conocido como “Pito Pérez”, así como el verde nativo de Uruapan entre la cautividad y fresca belleza de sus féminas, sea de su agrado.

 Coqueteo uruapense, entre detalles naturales

Uruapan, mejor conocida como “La perla de Cupatitzio”, fue fundada en 1533 por Fray Juan de San Miguel. Además fue el lugar donde José María Morelos y Pavón se desempeñó como educador, así como religioso en 1798. Los ancestrales nueve barrios uruapenses reúnen una belleza que entrelaza el estilo colonial de sus nueve capillas que fueron trazadas para formar una cruz, entre esta exacta geometría virreinal, la naturaleza detalla la beldad de esta localidad.

El Parque Nacional “Licenciado Eduardo Cruz”, es un recorrido entre basta vegetación, nacimientos de agua como la famosa “Rodilla del diablo” y un espectáculo con sus pasillos adornados por la naturaleza. Entre estas delicias naturales, otro lienzo uruapense es La Tzararacua, primorosa cascada que para acceder a ella debe ser caminando o a caballo. Por su parte, el volcán Paricutín cubre la Iglesia Parangaricutiro en el pueblo de Angahuan, en la que curiosamente sobresale el cristo de su cúpula. También la presa Santa Bárbara invita a disfrutar de un atardecer abrigado por los árboles y que acompaña la  belleza de la mujer michoacana, es imposible no maravillarse del paisaje reflejado en su mirada.

Entre este coqueteo uruapense, no podemos dejar de visitar La Huatapera, digo, para recuperarnos en este antiguo hospital que es uno de los primeros del continente, lugar donde los indígenas eran atendidos, el cual fue construido con madera, roca volcánica y cantera que guarda una arquitectura estilo barroco-mudéjar. Otros atractivos, son La Plaza de los Mártires y la Plaza Morelos en el centro de la entidad, la icónica “Casa más angosta del mundo” registrada en el libro Guiness y que mide 1.4 por 7.7 metros o la Casa de la Cultura, que originalmente fuera un Convento Franciscano. Después de todo este recorrido, la recomendación gastronómica es visitar el Mercado de Antojitos para dejarte consentir con los platillos típicos de Uruapan, como el churipo, que es un guiso de carne de res elaborado con especias regionales y verduras; una barbacoa de borrego; o unas carnitas acompañadas con guacamole, ya que el aguacate es una de las delicias distintivas de la localidad, reconocido, incluso, internacionalmente.

Al ponerse el astro rey, el entretenimiento nocturnal produce sus ecos entre ritmos que van desde rock, música romántica, hasta sonidos que incitan al baile. La propuesta puede ser acudir al Centro Cultural si tus ánimos son un tanto folklóricos, pero si buscas fiesta… el sitio adecuado es la llamada “Zona Rosa de Uruapan”, donde se agrupan los principales bares y sitios nocturnos, además de ser punto de reunión de las féminas michoacanas que sólo se pueden describir con una palabra: estremecedoras.

 Santa Clara, corazón de cobre

Población ubicada en el municipio de Salvador Escalante, cubierta de bronce y de noble corazón, Santa Clara fue fundada por Francisco de Villafuerte en 1553. El distintivo color naranja de su centro ilumina elegantemente el poblado, el oficio del “martillado” data de la época precolombina y en el período virreinal se perfeccionó. Así generación tras generación fue esculpiendo con este metal el mágico poblado.

Entre sus principales atractivos se encuentra el Museo Nacional del Cobre, sede de la Feria Nacional del Cobre que cada año, del 1 al 17 de agosto, realiza el Concurso del Cobre Martillado, donde los artesanos exhiben sus piezas que han ganado premios nacionales e incluso reconocimientos internacionales. El Templo de Nuestra Señora del Sagrario, dedicado a Santa Clara de Asís -que es la patrona de los artesanos- está decorada con finos candelabros realizados con el característico metal de la localidad. Asimismo, la Biblioteca José Rubén Romero, que fuera casa de este representativo autor del libro “La vida inútil de Pito Pérez” y quien fuera el principal cronista del pueblo. También, Santa Clara cuenta con la Escuela Nacional del Artesano, donde enseñan diferentes técnicas para realizar productos con este anaranjado metal.

Otro sitio muy recomendable es la Laguna de Zirahuén, primoroso destino al natural que puedes admirar mejor en lancha o kayak, lugar propicio para disfrutar de un día de campo con caminatas que inspiran y que seguramente a tu dulcinea le encantará. Así que decide, este bello destino o ir a la plaza central de Santa Clara para adquirir alguna artesanía, pero seguramente la ternura que desborda tu musa te convencerá para acudir a los dos.

Ella, complacida por los detalles de su gentil hombre, seguramente te premiará invitándote a comer. Las típicas tortas de tostada en la plaza principal son nuestra sugerencia, aunque también puedes saborear una sopa tarasca acompañada de un conejo, cordero o pescado capeado estilo Michoacán. Finalmente, el principal presente llega al anochecer en alguna cabaña, cuando los arrumacos hablan… y las caricias conversan el lenguaje que se expresa en el silencio.

Con estos finales tan novelescos que tenemos en Homo Espacios, sólo nos queda invitarlos para asistir a estos rincones michoacanos. 

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