19 de Septiembre de 2018

Opinión

Move on, Beto!

El ex gobernador Roberto Borge Angulo dejó a prácticamente todos sus adeptos y leales colaboradores...

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El ex gobernador Roberto Borge Angulo dejó a prácticamente todos sus adeptos y leales colaboradores colgados de la brocha no bien terminó su mandato sin entregar formalmente los bártulos a su sucesor Carlos Joaquín González, no por poner pies en polvorosa sino por evitar una vergonzosa cuanto segura silbatina de haberse presentado en el congreso el pasado 25 de septiembre.

Las deuda más lamentable es la cauda de desempleados, de gente que sin deberla ni temerla quedó del lado equivocado de la cancha al triunfar de manera incuestionable la coalición PAN-PRD, en mucho gracias a la impopularidad de Borge y a la popularidad de Joaquín.
Su gente le importó una pura y dos con sal. El impopular ex mandatario, una vez sacadas sus chivas del inmueble de Insurgentes y Heriberto Frías de Chetumal, desapareció de la escena pública y partidista dejó de responder llamadas y mensajes de sus otrora “bros”, y abandonó a su gente a la deriva.

Mas no se crea que Borge, quien ahora sólo existe en el virtual espacio de Twitter, pasa penurias o apuros como los que sí padecen sus adeptos: hoy se encuentra dándose la gran vida en el Four Seasons –de los hoteles de cadena, uno de los más caros: 10 mil 216 pesos por habitación, por noche, en oferta– de Orlando, Florida. Dijo que está de vacaciones por haloween, lo que significa al menos unos 10 ó 12 días de estancia. Sáquele cuentas.

Suponemos que una de estas noches, descansando en su lujosa habitación, se encontró una de esas biblias luteranas que suelen dejar en el cajón del buró de los hoteles gringos. La abrió, encendió su iPad e hizo algunas anotaciones: Isaías 14:12, Ezequiel 28: 14-15, Apocalipsis 12:7, Lucas 10:18, Daniel 11:36. Luego tuiteó estas referencias bíblicas, todas referentes a ángeles caídos, a insurrecciones celestiales y a castigos divinos por las desobediencias de los ángeles. No, estimado lector, no se trató de un arrebato místico o de un trance religioso, sino de un berrinche porque su ex delfín, José Luis Toledo Medina, invitó al convivio por la renovación de sus votos matrimoniales con Daniela Vara al gobernador Carlos Joaquín González y, para colmo de males, el mandatario asistió de muy buena gana y mejor talante.

Jugar con la religión de por sí es una ofensa mayúscula, pero comparar al diputado federal con Lucifer es un despropósito fenomenal.

Chanito no es el único incondicional al que Roberto Borge le volvió la espalda. El joven playense encabezaba con mucho las preferencias electorales para la gubernatura de Quintana Roo, mas Borge prefirió escuchar his master’s voice, pues Mauricio Góngora Escalante era otro alfil del senador y ex gobernador Félix González Canto, tal cual es el propio Betito, como le dicen en su círculo más cerrado.

Esa fue la primera traición que padeció el hijo del luchador social y primer presidente municipal de Solidaridad Marciano “Chano” Toledo Medina: le habían prometido la postulación, puso alma vida, corazón y recursos para trabajarla y lo dejaron con dos palmos de narices. Borge no movió un dedo por su valedor. Lo sacrificó a pesar de que las mediciones indicaban que con Góngora conservar para el PRI el gobierno estatal era más que difícil. Lo hicieron a un lado como si se tratase de una pieza intercambiable para el proyecto felixista-borgista, sin mediar consideración alguna. ¿acaso le debe lealtad a su ex jefe político?

Chanito, por su parte, es un político joven con muchas aspiraciones y un amplio futuro en el horizonte. Muchos de los huérfanos de Borge tendrán que moverse en la realidad del cambio que trajo la entronización de Carlos Joaquín, pues tienen mucho que ofrecer. Es increíble que, ahora con arranques místicos, Beto siga creyendo que es dueño de vidas y haciendas en un estado que no lo quiere ni ver. Ojalá, por su bien, que avance, que siga adelante y no se quede rumiando viejas glorias bañadas de amargura y ponzoña. Y ya que le gusta tanto derrochar dólares en Estados Unidos, ojalá que alguien le diga move on, Beto!

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