19 de Octubre de 2018

Opinión

Lo que muere con Jacobo

Con su fallecimiento muere un poco más una forma de hacer periodismo típica del centralismo y del tiempo del partido único.

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Con Jacobo Zabludovsky muere un poco más una forma de hacer periodismo típica del centralismo y del tiempo del partido único. Una forma en la que existía algo que, si no era complicidad,  se le acercaba.  La llamada “prensa nacional”,  llena de privilegios –que llegaba al grado de vejar y menospreciar a los reporteros “de provincia” y relegarlos a un segundo o tercer plano (como a muchos nos tocó sufrir)-, de viajes, regalos, apapachos y pagos bajo cuerda, con prebendas, terrenos, gasolineras y otros medios que les permitían a aquéllos tranquilizar su conciencia, con ventas simuladas de servicios y facturas apócrifas. Era –¿o es?- lo que se llamaba embute o chayo y no se trataba de centavos.

Jacobo, “maestro de periodistas”, le dicen, fue paradigma de esa época: un poderoso más. Todavía quedan por aquí y por allá algunos representantes de esa “prensa nacional” que presumen de sus influencias en las altas esferas del poder, del cual se cuelgan para seguir teniendo prebendas, pagos y apapachos que les permiten llevar una vida de lujos y comodidades sin tener que trabajar.

Periodistas como Zabludovsy, el  “independiente” y poderoso Julio Scherer y Manuel Buendía –para hablar sólo de tres “íconos”-, eran útiles al gobierno por su innegable influencia en los lectores o televidentes menos informados  y como vehículos de consignas cifradas, aunque, a veces,  lanzaban “furibundas” censuras a los poderosos del régimen. Sin pena, se codeaban con ellos, bebían los finos tragos que les mandaban o colgaban en sus ostentosas salas y bibliotecas los cuadros de famosos pintores que los mandamases les enviaban  y no tenían empacho en reunirse en las penumbras con  el dueño del circo. Ellos mismos lo presumían.

No me alegro de que quien fuera modelo de “periodista orgánico”, pateado cuando ya no fue útil, haya muerto, pero tampoco voy a rasgarme las vestiduras y llorar como muchas viudas hoy hacen. Sin embargo,  ni a él ni a ninguno parecido a él lo tomaría como maestro. Descanse en paz.

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