26 de Septiembre de 2018

Opinión

Muros en el Congreso de Quintana Roo

Muy poco tiene que presumirnos el Congreso de Quintana Roo a partir de 1975...

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Muy poco tiene que presumirnos el Congreso de Quintana Roo a partir de 1975 –cuando fue instalada la primera Legislatura–, ya que por arraigado hábito siempre han impulsado decisiones al gusto del gobernante en turno, lastimando a la población que los lleva con su voto a esas posiciones.

La barrera entre diputados locales y la población que representan –al menos en el discurso– es más bien un muro como el que pretende construir Donald Trump, ya que estos “legisladores” concentran mucho poder, con acceso a presupuesto a manos llenas que no es respaldado por resultados, ya que nuestro Congreso no legisla y se dedica a dar curso a las iniciativas turnadas por el Ejecutivo.

Son prácticamente inexistentes las iniciativas elaboradas por los diputados de todas las bancadas, y los plurinominales no hacen la diferencia porque son cuotas partidistas. Esta asignatura la tienen pendiente los diputados de todos los partidos, ya que acceden a las candidaturas por todo tipo de razones, menos por sus cualidades en esta especialidad.

Muchos diputados hasta desprecian a quienes llegan a menudo al Congreso a pedir algún tipo de apoyo. Tan sólo el ex alcalde capitalino Carlos Mario Villanueva Tenorio disfruta el deporte de conceder audiencias apapachando a las doñas sudorosas. Los genes de su padre se imponen, pero esta cualidad está ausente en el resto de los diputados que aborrece este tipo de peticiones, impidiendo incluso el paso de estos visitantes nada gratos para ellos.

El diputado local sufre una transformación que culmina en lo radical, ya que como candidato –en el caso de los de mayoría relativa– tiene que seducir a medio mundo con las visitas domiciliarias y el saludo de mano en mano en colonias y en parques públicos. Pero cuando ya está instalado en su curul es un ser muy diferente, hasta cortante con quienes le brindaron su voto.

Los integrantes de la Gran Comisión del Congreso son contaminados por el poder que se concentra en su cancha, ya que disfrutan sumas millonarias a cambio de aprobar iniciativas, pero sin presentar una sola de peso. Y en estas condiciones nuestro Poder Legislativo no desquita el voluminoso presupuesto que tanto urge en otras áreas tan sensibles, como los centros de salud en zonas urbanas y rurales.

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