16 de Julio de 2018

Opinión

Nerudiando

Pablo Neruda fue cónsul general de Chile en México, lo que le permitió conocer y admirar nuestro país; en Yucatán, donde conoció los cenotes.

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Cuando se visita la República de Chile, es inevitable  el encuentro con la perenne presencia de Pablo Neruda, no sólo porque sus tres casas que son museos -sitios obligados de visita-  albergan  algunos de los objetos que utilizó o coleccionó durante su vida, sino porque en cualquier rincón pueden asomarse fragmentos de su magnífica obra poética.  

Ricardo Eliécier Neftalí Reyes Basoalto, nacido en Parral, Chile, en 1904, huérfano de madre al mes de nacido, compensado con una madrasta a la que llamó “ángel tutelar de mi infancia”, desde muy pequeño dio muestra de su enorme talento poético en la escuela primaria. Publica su primera obra a los 17 años, Crepusculario; y  a los 19 años, escribe su celebérrimo libro “20 poemas de amor y una canción desesperada”; cambia su nombre por el de Pablo Neruda para evadir la negativa paterna de que se dedicara al oficio de poeta, pero como “carácter es destino” y su vocación superaba al carácter, entonces su destino quedó marcado: “El más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma”, como lo calificó Gabriel García Márquez.   

Hace carrera diplomática, que le permite viajar por el mundo, enriqueciendo su cultura y  su visión de la vida; conoce al poeta García Lorca y se conduele por su asesinato y se solidariza con la causa de los republicanos españoles, que plasma en su obra “España en el corazón”.

Fue cónsul general de Chile en México, lo que le permitió conocer y admirar nuestro país; en Yucatán, refiere que conoció una nueva especie de agua, la más misteriosa, profundísima, verde y cenital, que los mayas divinizaron: la de los cenotes, en donde el graznido de los pájaros le recordaba la ronca agonía de las vírgenes sacrificadas; y es en México donde publica su “Canto General”; Octavio Paz dice después de 20 años de distanciamiento: “Musito el nombre de Pablo Neruda y me digo: lo admiraste, lo quisiste y lo combatiste. Fue tu enemigo más querido”.  

Político practicante, fue senador por el Partido Comunista, incluso precandidato a la Presidencia de la República, retirándose para apoyar la candidatura de Salvador Allende que ganó las elecciones y posteriormente fue depuesto por el golpe de estado de Pinochet. Siendo embajador de su país en Francia recibe el premio Nobel de Literatura en 1971.

La piel no es referencia constantemente en su obra, sin embargo le imprime su toque nerudiano  en estos versos: “No sólo es luz que cae sobre el mundo lo que alarga en tu cuerpo su nieve sofocada, sino que se desprende de ti la claridad como si fueras encendida por dentro. Debajo de tu piel vive la luna.” O “tu boca era mi día y mi noche terrestres y tu piel la república fundada por mis besos”.

Siempre he creído que Dios habla en un ignoto idioma que sólo algunos escogidos por él pueden traducir: los poetas, que son capaces de revelar el sublime sentido de las terrenales  palabras;  Neruda fue uno de los  más grandes  intérpretes del divino idioma: la poesía.

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