18 de Septiembre de 2018

Opinión

Ni ceviche ni chelada

El asunto del limón no ha parado todavía el precio por kilogramo se ubicó en los 63 pesos, alcanzó el mismo valor que el salario mínimo cotizado en la zona sur del país, de unos 63.77 varos.

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No lo van a creer, estimadas lectoras y lectores. Pero durante la mañana del miércoles pasado se registraron decenas de robos en varios comercios de abarrotes, frutas y legumbres, así como en los principales mercados de Mérida y de la entidad. Por ejemplo, la central de abastos de Oxkutzcab fue objeto de cuantiosos hurtos.

¿Y cómo se dieron los atracos, prácticamente de manera simultánea, en por lo menos 50 o más sitios? Pues, la verdad, sepa la bola, como se dice popularmente. Incluso, la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) y sus altos mandos están extrañados de no poder dar con los presuntos delincuentes y, sobre todo, por los artículos tranzados.

El caso es que los robos se registraron como nunca antes en la entidad. Atrás acabaron los hurtos a las espléndidas joyerías de de plazas comerciales donde la gente “popof” luce sus mejores galas, tomando café y platicando boberías.

Nada de eso. Ahora, el objetivo fue algo que muy pocos yucatecos podrían pensar. En las tiendas de abarrotes y demás cosillas, el concentrado del atraco no fueron tortas, refrescos, golosinas, leche, huevos y cervezas. Todos estos productos quedaron intactos. Es más, hasta los ladrones dejaron las cosas sin revolver. Iban por un objetivo común. Si lo hallaron, así se lo llevaron; en caso contrario, no se alborotaron para tirar las cosas. ¡Chuch, hasta lindos se vieron los ladrones!

En los expendios de frutas y legumbres algo similar ocurrió. Los tomates, de por sí caros, ni se movieron; las calabacitas, de igual manera. Los plátanos, ricos en potasio, se quedaron colgados, nadie quiso “agarrarlos”. 

Pero las pesquisas comenzaron, al menos los agentes se dieron cuenta de que algo faltaba, pero todavía así se mostraban dudosos y extrañados.

En los mercados San Benito y Lucas de Gálvez, donde se concentran miles de productos a determinados precios, los robos se volvieron más alocados. Los huacales fueron descubiertos tirados por todas partes, lógicamente sin mercancía. 

Pero en los changarros, hasta el “guardadito” de dinero que en ocasiones suelen dejar los comerciantes quedó sin mancillar. Ni un peso tocaron los maleantes.

¿Por qué la ola de robos inesperada, en tantos sitios de manera simultánea o, al menos, con escasas horas de diferencia? ¿Qué objeto es tan valioso que hasta dinero dejaron los ladrones?

Pero estamos seguros de algo: el gran detective “Cherlok” Gómez, oriundo del “bello puerto terrestre” de Tixkokob, dará en el clavo. De hecho, no tardó mucho.

Y es que, la neta, no hubo tales robos, pero pronto aparecerán de seguir el precio del limón por las nubes. ¡Help, el kilo se cotiza en 60 o más pesos! ¡Quiero mi limonada (porque ya no es posible pensar en la “chelada”)!

Desgraciadamente, el asunto del limón no ha parado todavía. Resulta que en los últimos días su precio, por kilogramo, se ubicó en los 63 pesos. Por supuesto que aumentó, quizá, dos o tres pesos, pero lo chistoso y hasta cruel es que alcanzó el mismo valor que el salario mínimo cotizado en la zona sur del país, de unos 63.77 varos.

Es increíble que la economía del país esté sujeta a múltiples variables y que unos “malditos” cítricos pongan en jaque los bolsillos de millones de ciudadanos. 

No es tanto que las plagas hayan trastocado el cultivo y proceso limonario, sino el descarado intermediarismo de algunos “hijuesú” que sólo piensan en lastimar a la gente. 

Pero mientras los Gobierno Federal y estatales no ataquen el problema, el rico cheviche se cocinará con vinagre o naranja agria.

Amigos, amigas, ya saben: sugerencias para que el limón no se cotice más que unas aspirinas, enviarlas a [email protected] y/o [email protected]

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