18 de Noviembre de 2018

Opinión

Ni en Bernal Díaz del Castillo se puede confiar…

A Christian Duverger no le latía de lo que leía en relación con la biografía del autor.

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Por años, muchos, un lugar central del librero de la casa de mis padres, en la que nací y crecí, lo ocupaba una edición de superlujo de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, dos tomos de gran formato con unas ilustraciones feas pero eficientes.

A fuerza de verlos todos los días, acabé leyéndolos. En mis libros de texto les bastaban algunas citas de la obra de Bernal Díaz Castillo. Yo lo disfruté como un libro de aventuras y me invitó a leer otras versiones y otros textos de la conquista. Confieso que fui un agradecido de Bernal Díaz del Castillo. Hasta que llegó a mis manos Crónica de la eternidad, de Christian Duverger.

El doctor Duverger, por décadas dedicado a la historia del México prehispánico y colonial, empleó diez años a estudiar a Díaz y su obra. Algo no le latía en lo que leía en relación con la biografía del autor. Ahora está convencido, y de su búsqueda trata Crónica de la eternidad, de que Díaz de Castillo no es el autor de la Historia verdadera.

Escrito como una novela de aventuras con tintes detectivescos, Crónica de la eternidad es la antropología de un fraude cometido, según Duverger, por el hijo de Díaz del Castillo. El móvil: la vulgar ambición.

Conversé esta semana con Duverger:

“Siempre hubo muchas dudas alrededor de Díaz del Castillo, no conocemos su fecha de nacimiento, no conocemos su lugar de nacimiento; dice que nació en Medina del Campo, pero no hay archivos, como se sabe, todos los archivos fueron quemados por Carlos V, y no sabemos exactamente bajo cuál nombre tomó parte en la conquista. Seguramente tomó parte en la conquista, seguramente en la tropa de Hernán Cortés, pero bajo otro nombre, porque no lo encontramos en ningún documento; el primer documento que encontramos con Bernal Díaz es en 1544 y es una firma de un acta de matrimonio de dote y por la primera vez aparece este señor en la historia, en la historia que está en los archivos, la que podemos manejar”.

Para Duverger una pista fue que, a pesar de que hay pasajes de la Historia verdadera en que pareciera que el autor está debajo de la mesa escuchando una conversación, Hernán Cortés nunca lo menciona en sus propios escritos.

“Son dos elementos que eliminan finalmente a Bernal como autor de la Historia verdadera, uno es que probablemente no sabía escribir, lo que era la norma. El hombre existe, pero es un hacendado, tiene una encomienda en Guatemala, nada le relaciona con la escritura. Tenemos cinco cartas, por ejemplo, de tres escrituras diferentes, entonces eso es un indicio fuerte de que fueron cartas dictadas y no escritas; entonces, no tenemos ningún elemento sobre su capacidad de escribir y por lo menos de escribir una obra maestra. El otro elemento es que precisamente esa crónica narra absolutamente todo de la historia de Cortés: desde su llegada a Santo Domingo, después su paso a Cuba, después la conquista, después el episodio del Golfo de Honduras, etcétera. Todo, asiste a la boda de Cortés en España, etcétera. Entonces, es absolutamente increíble y no tenemos ningún indicio de la presencia de un Díaz del Castillo en la cercanía del conquistador”.

—Y si no fue Bernal Díaz del Castillo, ¿entonces quién?

—Pues todos los caminos convergen hacia Cortés, el propio conquistador.

—El conquistador es el autor.

—Sí.

—De la Historia verdadera de la conquista.

—Sí, tenemos un conquistador escritor.

—¿Estás convencido?

—Claro, el libro lo demuestra. Tenemos un hoyo negro en la vida de Cortés, que son tres años que va a pasar en Valladolid entre 1543 y 1546, al año siguiente va a morir. Pero la idea de Cortés es escribir sus memorias y ¿qué pasa?, no puede escribir, hay que saber, hay que recordar que Cortés es un autor satanizado, prohibido. Carlos V quemó sus cartas de relación en plazas públicas en cualquier ciudad de España en 1527 y la prohibición queda, lo que significa que Cortés quiere hacer sus memorias al final de su vida para esculpir su estatua para la posteridad y no lo puede hacer. Entonces tiene una idea, que yo considero muy inteligente: contrata a (Francisco) López de Gómara para escribir una crónica con los archivos que pone en la mesa y lo va a hacer con su estilo, un poco seco; no es una mala crónica, pero falta un poco de genio, vamos a decir. Y como contraparte de esa historia de gabinete —porque Gómara nunca participó a la conquista de México —, como contrapunto inventó Cortés un narrador, un personaje que es un supuesto soldado raso y que es el testigo permanente de la conquista, un testigo prácticamente de la conquista, pero un testigo prácticamente desde el interior”.

Ya vendrán otros historiadores a debatir lo que Duverger afirma. Por lo pronto, a mí me ha hecho regresar a la Verdadera historia para leerla con otros ojos. Eso es más de lo que hacen muchos libros.

Twitter: @puigcarlos

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