21 de Septiembre de 2018

Opinión

Ni machismo ni hembrismo

Uno de los criterios básicos del idioma es la economía de palabras...

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Oigan ustedes –más bien lean- esto: “En la Cámara de Diputados y Diputadas” se legisla a favor de… (lo que usted quiera poner). Es un comercial –que no sé para qué los pagan los legisladores “y las legisladoras”, puesto que no venden champú ni toallas femeninas o medicinas mágicas ni están peleando mercados- con que  por estos días nos machaca  la radio y no sé si la televisión.

Para empezar, habría que aclararles que se llama Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión –la H. es de Honorable, por si hay algún malpensado- y para cambiarle el nombre tendrían que hace un procedimiento que se llama iniciativa de ley -¿si saben, verdad?- y no por “equidad de género”, por ocurrencia o por hacerle caso a un publicista del hembrismo, lanzar a los cuatro vientos esa expresión fuera de sitio y no sé si ilegal.

Como fuera de sitio está esa irrupción de la intolerancia hembrista en todos los ámbitos de la vida que lleva a sus diletantes a atropellar hasta las normas del idioma: por todo ahora hay que decir “las y los” –aunque quiten ritmo y elasticidad al idioma- o te malmiran. Por esa ruta, van a obligarnos a decir, por ejemplo: poeto y poeta, disidento y disidenta, dirigente y dirigenta, miembro y miembra, periodisto y periodista… y así por el estilo.

Uno de los criterios básicos del idioma es la economía de palabras: no decir con cuatro vocablos lo que se puede decir con dos y evitar los circunloquios innecesarios. No caer en lo que un autor llama “piruetas lingüísticas”.

Atropellar al idioma -hoy día tan expuesto a abusos violentos y violaciones tumultuarias- no es el camino para alcanzar la justicia que tanto anhelan “los y las” feministas (¿o debo decir también feministos?)

No puedo sino estar de acuerdo con la igualdad de oportunidades para todos y apoyo la lucha de las mujeres por reivindicar su presencia en la sociedad y salir de la marginación en que las ha sumido el machismo.  Pero no necesitan violentar el idioma. Ni machismo ni hembrismo lingüísticos: sí equidad y oportunidades para todos.

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