24 de Septiembre de 2018

Opinión

Ni 'Sol' ni Uady

Williams y su corte de plebeyos le apostaron al cansancio de los inconformes; salieron avante, pero los integrantes de la Autamuady demostraron que pueden poner en jaque, los endebles cimientos de esa casa de estudios

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Dos sucesos impactaron, nuevamente, en Yucatán. El primero, el sábado pasado, cuando el ya rechoncho cantante Luis Miguel, “El Sol” para sus meros cuates y seguidores trasnochados, en una grave muestra de falta de respeto, decidió no presentarse ante miles de personas con boleto pagado (y, por supuesto, decenas de regalados, o sea, “chayoteados”); el segundo, el final de la huelga en la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), cuando una mayoría de trabajadores administrativos y manuales cedió y aceptó las propuestas ofrecidas por el rector Don Williams.

Vayamos por partes: después de 25 días de que los chambeadores de la llamada máxima casa de estudios –pública- de la entidad mantuvieron en jaque a las autoridades universitarias, al final, optaron por acabar con el movimiento y no tanto por las ofertas de parte del señor rector y de sus asesores –por cierto, muy malos-, sino porque la resistencia llegó a un límite.

No es lo mismo que un alto directivo de la Uady gane, lo mínimo, 80 mil pesos mensuales, sin contar el salario de Don Williams que es superior a los 170 mil varitos al mes, que el escuálido billete que percibe un peón (parece que las “tiendas de raya” en la Universidad no se han extinguido), alrededor de 3 mil pesos mensuales. ¿Saben cuánto gana un reportero de ese “centro del saber”? No más de 7 mil devaluados pesitos cada 30 días.

Entonces, 25 días al borde de la locura económica para los que menos ganan en la Uady, sí era algo para pensar. El “patrón” del tipo de hacienda henequenera –de finales del siglo XIX y principios del XX- en que se ha transformado la Universidad, salió con su frase: “No hubo vencedores ni vencidos”. Quién sabe. La realidad es que un grupo de trabajadores desnudó la verdadera esencia de los jerarcas universitarios: excesos económicos e insensibilidad profesional, entre otras “cualidades”.

Williams y su corte de plebeyos le apostaron al cansancio de los inconformes; salieron avante, pero los integrantes de la Autamuady demostraron que pueden poner en jaque, de ahora en adelante, los endebles cimientos de esa casa de estudios, dizque autónoma pero que no genera un solo peso interno y vive de la “caridad” de los gobiernos federal y estatal.

Y para el caso de “El Sol” no hay mucho qué decir. Luis Miguel, en su momento extraordinario por su voz y carisma, desde hace años lo único que hace es “calentar” camas de cuanta damita exuberante se le cruce en el camino. El cuarentón, que ya experimenta los excesos en su otrora cultivado cuerpo (además del ego), argumentó a través de sus representantes que por fallas en su aeronave no pudo llegar a tiempo al Coliseo Yucatán. Desde el viernes se encontraba plácidamente instalado en una formidable, remodelada y carísima ex hacienda henequenera.

PRIMERA CAIDA.- En el caso de la Uady, al final, el que puede perder más credibilidad es Don Williams. Ya lo verán.
SEGUNDA CAIDA.- “El Sol” parece que se eclipsó para siempre en Yucatán.
TERCERA CAIDA.- La Universidad y “Luismi”, para olvidar.

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