12 de Noviembre de 2018

Opinión

Ni tu tía ni la mía: tutía

El término figura en el Diccionario de la RAE como expresión coloquial derivada del árabe español atutiya.

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Hay una expresión que fue muy utilizada en otras épocas en Yucatán: “No hay tu tía”, con la que se pretende decir al interlocutor que no insista en lo que quiere porque no se le va a conceder o que por más que haga cierta situación es irremediable. “No hay tu tía, chel, así que mejor lo tomas con calma”.

Pero resulta que esta expresión, como muchas otras, la ha modificado el uso popular. Originalmente es: “No hay tutía”. Y es así porque la tutía o atutía es un remedio –o era más bien- derivado del hollín que se impregnaba en los hornos en los que se fundían minerales o metales, especialmente cobre,  y que era rico en óxido de cinc o zinc.

Con ese negro derivado de la fundición se producían en la antigüedad pomadas o emplastos que se usaban para curar algunos males de los ojos y que se llamaron tutía o atutía, derivado de la palabra árabe atutiya, que significa óxido de zinc. 

Pasados los años, el término comenzó a usarse por las épocas de Cervantes para designar cualquier medicina o remedio, de modo que decir: “No hay tutía”, era sinónimo de que “no hay remedio” a determinado mal.

El término figura en el Diccionario de la RAE como expresión coloquial derivada del árabe español atutiya y ésta del árabe tutiya que a su vez la toma del sánscrito tutha. 

Servido.

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