24 de Septiembre de 2018

Opinión

No entraron, los metieron

Felipe Calderón fue quien tomó la decisión de que las fuerzas armadas se sumaran al combate al crimen organizado que ya rebasaba –o había corrompido- a las policías federal, estatales y municipales.

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E1 12 de diciembre de 2006, apenas unos días después de su toma de posesión, el segundo presidente panista de México, Felipe Calderón Hinojosa, declaró, en Michoacán, su estado natal, la guerra -luego lo negó- contra el narcotráfico e involucró al Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina.

Disquisiciones semánticas aparte –como la que se ha suscitado con el verbo abatir usado por miembros del Ejército en Tlatlaya-, lo cierto es que Calderón Hinojosa fue quien tomó la decisión de que las fuerzas armadas se sumaran al combate al crimen organizado que ya rebasaba –o había corrompido- a las policías federal, estatales y municipales. Una medida con la  que muchos no estuvimos de acuerdo. Hoy, al presidente Peña Nieto le es extremadamente difícil devolverlos a sus cuarteles, como quisieran los propios soldados y millones de mexicanos.

Sin ser experto en cuestiones de milicia, cualquiera con dos dedos de frente sabe que los militares están entrenados para la guerra y en la guerra se mata y se muere –daños que se consideran inherentes a esa actividad aquí y en la Gran China y en todas las épocas-. Los soldados y marinos no están hechos –no está en su constitución mental- para investigar, ni para detener o perseguir delincuentes. Están hechos para matar (aniquilar o abatir) al enemigo, así de simple y claro. Al meterlos en un conflicto para el cual no están entrenados, los ponen al filo de la legalidad y los orillan a cometer lo que en lenguaje civil son abusos, como el de los muertos en Tlatlaya.

Los mandaron a una misión para cuyo cumplimiento no les dieron más armas que las de fuego y ellos, acostumbrados a usarlas, las han estado usando, para mí que con demasiado comedimiento. Juzgarlos con los medios y las leyes civiles no me parece justo porque ellos están en otra esfera. Y no digo que los dejen emprenderla a sangre y fuego contra el enemigo, sino que entendamos que si los mandan a la guerra es a matar. Hubiera sido mejor no meterlos, pero ya los metieron. Que vuelvan cuanto antes a sus cuarteles.

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